Indicadores de una fumigación experimental

La razón por la que el gobierno no puede informar apropiadamente sobre las consecuencias del Naled, más allá de destruir a los mosquitos, es porque no sabe. La aplicación es experimental, para aprender y levantar conocimiento como hacen parcialmente en el estado de la Florida. (Foto: Archivo)

Columna en colaboración especial con Claridad, 80Grados y La Perla del Sur

Meses atrás, el gobierno propuso inyectar químicos en la atmósfera para construir nubes.

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“Es un proceso de emergencia”, “el proyecto es experimental”, “ha funcionado, por lo que continuaremos”, “bajo un monitoreo especial” o “los expertos dicen” fueron citas textuales que invocaron jefes de agencia.

Con esto trataban de justificar una propuesta rechazada incluso en el seno del Comité de Sequía que el propio gobierno había constituido.

Firmaron contratos a espaldas de todos, encubrieron y hasta mintieron afirmando aumentos en los embalses gracias a su intervención celestial.

Fueron tejanos los que llegaron con su avión para pasear por nuestros cielos con gastos pagos y comisión por disparar bengalas a las nubes. Sin embargo, un informe reciente y escondido de la propia Autoridad de Acueductos y Alcantarillados evidenció el “fiasco” de esta intromisión.

Ahora el gobierno regresa con otra representación de salvador, esta vez ante el Zika, un virus tropical de los muchos que se transmiten por mosquitos.

Se repite la historia de terrorismo para abrir nuevos mercados de quienes tienen “soluciones”. Ayer eran las vacas locas, luego el AH1N1 hasta el chikunguña. Hoy es el Zika, mañana será otro.

Esta última enfermedad es asintomática para el 80 por ciento de las personas infectadas y la población vulnerable es una de fácil identificación (mujeres embarazadas). Sin vacunas disponibles y, a pesar de que el CDC reconoce que mujeres en edad reproductiva que sufran de Zika quedan autoinmunizadas sin que se comprometan futuros embarazos, la salomónica propuesta es fumigarnos.

“Escuchamos”, dice el gobierno “a los expertos del CDC y la EPA”, pero se hacen de oídos sordos ante el Colegio de Médicos y Cirujanos, al Colegio de Químicos, a agrónomos, ecólogos, médicos y otras personas.

Hay sobre la mesa suficientes razones para cuestionar la fumigación. Desde la alta toxicidad del Naled y sus productos de descomposición, su impacto irrestricto sobre insectos vitales para la vida como las abejas, la ineficacia comprobada de fumigaciones terrestres dirigidas hasta preocupaciones muy serias sobre su efecto en la salud.

Entonces la historia se repite: Puerto Rico como escenario ideal de investigación.

Investigar y levantar conocimiento científico es importante para nosotros y para la Humanidad. En este periodo, el CDC ve en Puerto Rico un escenario crítico para estudiar el posible vínculo del virus del Zika y su adjudicado riesgo de inducir microcefalia. Igualmente, la mirada cercana con acceso a buena tecnología permite, no solo documentar estos posibles problemas, sino identificar otras consecuencias potenciales a la salud pública, mejorar diagnóstico, terapia y establecer medidas de prevención como vacunación.

Somos la ventana de lo que se expande en Florida, y con los efectos del cambio climático y la capacidad de este virus de transmitirse por rutas alternas a mosquitos, desde allá ven aquí una oportunidad única de adelantar conocimiento que pueda servir para proteger a su ciudadanía.

El problema es que nos usan como experimento sin nuestro consentimiento. Y siempre ha sido así. Estados Unidos ha invertido gran cantidad de recursos en Puerto Rico para realizar investigación científica que responda a sus intereses allá. Calentar el bosque lluvioso en El Yunque para entender el cambio climático, por ejemplo.

Algunos de esos intereses son de bien común y el conocimiento científico tiene carácter universal. Sin embargo, el Puerto Rico colonial tiene un problema de subyugación política con un récord de investigaciones que rebasan lineamientos éticos y morales, especialmente cuando se realizan en ecosistemas abiertos, y donde la gente se convierte -directa o indirectamente- en parte del sujeto de estudio.

Píldoras anticonceptivas, investigaciones con agente naranja y Napalm en nuestros bosques, armas químicas en Vieques utilizadas durante entrenamiento activo con militares y radiación son parte de ese historial nefasto de utilizar nuestra isla como un gran laboratorio.

Cuando se menciona nuestra localización estratégica en el Caribe para explicar el valor de la isla para el gobierno del norte, eso incluye nuestra realidad natural, que es espejo de ambientes en Latinoamérica o Asia tropical, entre otras zonas de interés geopolítico para los Estados Unidos.

Cuando la isla es paraíso para ensayar transgénicos de cosechas típicas de la agricultura norteamericana es precisamente por eso, por ser isla, y ante cualquier potencial desastre mantener protegidas las cosechas comerciales de su plataforma continental.

El desarrollo técnico de los transgénicos se da en laboratorios de Estados Unidos con posiciones laborales muy bien pagas, y el componente de piloto de campo se realiza lejos con acuerdos y sueldos de tercera. Acá se queda el riesgo, allá la plusvalía.

Con respecto al uso experimental de Naled propuesto por el CDC y endosado por la EPA, nuevamente toca cuestionar. Sé que en nuestras escuelas nos enseñan a obedecer y a no cuestionar a la autoridad, pero ¿quién puede cuestionar que no se cuestione?

Todo merece examinación cuidadosa, especialmente en tiempos de crisis. Cuando se decide por la fumigación, una sola aplicación no es solución sostenible para el control de plagas.

Entonces se trata de aplicaciones, fumigaciones, repetición de eventos de exposición e impactos descontrolados. Quien aplica puede controlar la hora de vuelo, la velocidad del avión, la altura y concentración del químico, pero una vez lo descargan, no hay control de su destino incluyendo, por ejemplo, su efecto directo o tras escorrentías, en cuerpos de agua.

La razón por la que el gobierno no puede informar apropiadamente sobre las consecuencias del Naled, más allá de destruir a los mosquitos, es porque no sabe. La aplicación es experimental, para aprender y levantar conocimiento como hacen parcialmente en el estado de la Florida.

De nuevo, sobre el cielo de todos y de nadie el Estado interviene alterando su naturaleza y poniendo en riesgo mucho por muy poco y para beneficio de otros.

Pero el dilema de fumigar experimentalmente se complica con el nuevo panorama político del País. ¿Será esto un ejercicio de facto que pone a prueba el nuevo formato de gobierno local ante la Junta de Control Fiscal?

Las agencias federales usan adjetivos como “recomendamos” o “sugerimos” seguido de “la decisión final está en manos de las agencias locales”. Pero más que sugerencias, el alineamiento y los “talking points” que repite la plantilla de gobierno, suena más a un mandato y no a una sugerencia.

Los federales dictan, acá obedecen mientras el conflicto se mantiene local. Si esto fuera un preludio de lo que se institucionalizará con la Junta, la brecha que genera apariencia de diferencias entre rojos y azules se disipa aún más y, peor aún, el rol de lacayo para ejecutar estas políticas impuestas los hacen patéticamente peligrosos.

Por lo pronto, envenenar nuestro ambiente con el chantaje de decir que combaten el Zika sigue siendo una desastrosa propuesta.

(El autor es doctor en Biología, catedrático de la UPR, director asociado de Casa Pueblo y columnista de Claridad, 80grados y La Perla del Sur)