No, este escrito no se trata de aquellos difuntos que por gracias divina votaron en las elecciones. Se trata del Puerto Rico posmoderno, o de modernidad tardía, donde los muertos parecen morir socialmente.
El pasado 2 de noviembre, Día de los Muertos, acompañé a mi madre a su ritual anual de ir al cementerio para “conversar en silencio” con sus tías y mi abuela ya fallecidas, cotejar las condiciones de las tumbas familiares y de una vez saludar a los que encuentra a su paso.




