
Seguramente, usted es una entre millones de personas que, al pensar en el amor, inunda su pensamiento de rojos corazones.
El problema es que los publicistas se han equivocado de órgano.
En realidad deberían haber llenado nuestras vidas de cerebros rojos como símbolo del amor, pues es ahí ‘arriba’ donde se desencadena la tormenta química de este sentimiento universal.









