La Perla del Sur

Ponce, Puerto Rico
Domingo
21
Diciembre
2014

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Cuatro décadas custodiando memorias

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Ella es la guardiana indiscutible del bicentenario Archivo Histórico de Ponce. Como administradora es celosa, imponente y sincera, lo que le ha ganado numerosas batallas burocráticas para defender ante la ignorancia lo que considera el patrimonio histórico de la Ciudad.

Ella es Gladys Esther Tormes González, a quien algunos conocen como ‘Maja’. Y es que -como todo lo que revierte- Gladys le endilga cariñosamente a muchos el adjetivo de uso español, que significa guapa o guapo.

“Cuando yo vine de España (de estudiar) comencé a conocer gente, pero se me olvidaban los nombres y empecé a decirle maja y majo para llamarlos y ahora me lo dicen a mí”, cuenta la mujer de 79 años de edad.

Una vida al servicio

Gladys nació en Ponce en septiembre de 1933. Estudió en la Universidad de Salamanca en España y cursó dos asignaturas en Sevilla, universidad que finalmente le otorgó el título de licenciada en Derecho.

Según contó, estando recién graduada fue recomendada donde el alcalde de Ponce Juan H. Cintrón, quien a su vez la envió a laborar en el programa federal conocido como Plan Nixon, como ayudante del Alcalde.

Tormes González fungió además como relacionista público “y me fui interesando en la historia de Ponce porque venía gente a preguntar”.

“Yo recopilaba información para facilitarla”, recordó sentada al filo de una de las robustas mesas de estudio en el edificio sede del Archivo, confeccionadas con maderas del país.

Haciendo gala de una memoria prodigiosa, continuó explicando que “en el 1971 tratan de llevar esta documentación de la Alcaldía para llevarla al Archivo General y el Alcalde me nombró para rescatar esta documentación. Entonces yo me enteré que se los iban a llevar para San Juan”.

“Hablé para que no se los llevaran de Ponce porque esta era nuestra historia. Se decidió que el Municipio lo iba a proteger y se designó a la antigua biblioteca. Con $5 mil comenzamos”, dijo además la experimentada servidora.

Luego de que los administradores Leopoldo Ruiz y Acasio Torres se retiran por edad, el entonces nuevo alcalde de Ponce, Luis ‘Wito’ Morales, me nombró en el 1974.

“Yo no sabía nada, pero tomé cursos, leí y hasta el día de hoy. He seguido estudiando, leyendo las leyes, curtiéndome y enseñando a los que están aquí”, agregó.

Tesón como herencia

Tormes González es la orgullosa nieta de una esclava llamada Jacovina, que cuando alcanzó la libertad fue lavandera y planchadora.

Su padre Leopoldo Torres García nació en 1892. Vendía las alcapurrias que hacía su mamá y llegó hasta octavo grado. Se hizo abogado leyendo, nunca fue a la universidad. Según Tormes González, empezó a trabajar de conserje en las oficinas de Colecturía y allí estaban los libros de Leyes.

Un día, relató, sorprendió al abogado y exalcalde de la Ciudad Señorial, Francisco Parra Capó, con la frase: “Yo sé tanto de leyes como usted”, por lo que este decidió ayudarle.

“En 1913, mi padre tomó los exámenes con los Jueces del Tribunal Supremo y los pasó. Se convirtió en un reconocido abogado ponceño y representante por 20 años en la Cámara de Representantes de Puerto Rico”, que impulsó destacados proyectos de mejoras en la infraestructura de la Perla del Sur.

Maja conoce al dedillo los documentos que atesora el Archivo Histórico y sabe perfectamente los temas de estudio más solicitados y dónde están ubicados.

Camina lento, se fatiga un poco y habla en voz baja, pero asegura estar saludable y piensa seguir al frente de la dependencia hasta que pueda.

En un recorrido por el edificio le podría presentar las Carta de origen y vecindad que se le requería a los vecinos de Ponce y que datan de 1930.

“Son los pasaportes que se le otorgaba a los ponceños para que pudieran viajar dentro y fuera de la Isla. Se detallaba el origen, estado, dirección y hasta sus fotografías. Esto es único. Lo daban para demostrar que eran ciudadanos norteamericanos cuando viajaban fuera de la Isla”, dijo mostrando los delicados documentos.

Asimismo, muestra con orgullo -y demasiado recelo- los delicados registros de esclavos que presentaban al gobierno español las haciendas de caña y café de la zona en la época.

Y Tormes González tiene sus razones para ser estricta y celosa con los papeles. “Los documentos valen dinero y en otros lugares, personas ajenas se los han apropiado. Esto tiene valor”, dijo señalando reconocidos portales cibernéticos donde los cazafortunas hacen de las suyas.

Echando mano de una fuerza de voluntad inquebrantable, la Administradora usualmente llega temprano a su centro laboral, primero que el resto de los empleados.

Y ahora, con una importante mudanza en el horizonte, Maja se niega a descansar, dispuesta a proteger el Archivo Histórico hasta con su vida.

“A veces la gente no saben las cosas valiosas que tienen y las botan a la basura. Me gustaría dejar esto encaminado, aunque sé que tengo compañeros de trabajo que lo están realizando, (quiero) dejar las personas idóneas y todo el tinglado (montaje) bien puesto para que luego, cuando hayan cambios administrativos, esto se salvaguarde y no se toque”, concluyó firme como una roca.

 

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