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Martes
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Al encuentro de Georgina Lázaro

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De sus expresivos ojos y sincera sonrisa emana dulzura. De su alma y corazón, la necesidad de convertirla en palabras tiernas que halagan a grandes y chicos. Con ellas ha paseado el hemisferio entero y se ha entronado como una prominente figura de la literatura infantil en Puerto Rico. Ella es Georgina Lázaro León, una sanjuanera residente en una fresca finca de Ponce, hace ya casi cuatro décadas.

Es precisamente en su antigua y elegante casona de madera pintada de blanco, techos altos, de impecables y grandes balcones donde ha escrito sus éxitos literarios.  Allí se respira paz y con una taza de café del país en mano, Georgina recordó sus inicios como escritora y enlistó sus próximos proyectos.

Historias para no olvidar

Según la otrora maestra de Ciencias, fue durante su primer embarazo cuando pensó hacer algo que perdurara en el recuerdo. Hizo un álbum donde recogía en fotos la historia de la cuna para su primogénito, confeccionada con madera de su propia finca.

Además “cuando fue a nacer pensé: ‘qué yo quiero para este bebé’.  Yo quiero que sean lectores como lo soy yo”, se contestó para sí hace ya 33 años.

Y la historia comenzó a tomar forma.

Entonces recordó sus inicios como lectora. “Yo tenía gente que me contaba y que me regalaba libros. Así comencé a escribir nanas. De pronto empecé a inventar cuentos de ellos mismos (sus hijos) porque no quería que se olvidaran las cosas lindas que nos pasaban. Así surgió “El Flamboyán amarillo”.

Esta publicación de 1996 es un cuento en verso de una experiencia real entre madre e hijo, quienes buscaban uno de estos árboles cuyas flores fueran amarillas para sembrar en su finca. Luego de varios años esperando el especial follaje, el resultado fue otro. Pero ese final le tocará al lector descubrirlo.

“Siempre escribo de experiencias, algo que alguien me contó, algo que me pasó, algo de los hijos o nietos”, dijo Georgina con su característica jovialidad. “Mis hijos me convirtieron en escritora”, agregó con disimulada nostalgia.

“No sabía que yo iba a escribir un libro. Un día mi esposo (César Hernández Colón) me dijo que podía publicarlos”, continuó explicando. Lo envió a una casa editora con buen resultado. Conforme fue avanzando en aceptación y popularidad, Georgina desarrolló lo que siempre deseó saber.

Le daba curiosidad conocer la vida completa de algunas personas y creó la colección Cuando los grandes eran pequeños, que recoge la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, Julia de Burgos y José Martí, entre otros.

“En la escuela me mandaban a buscar información de alguien y saltaban de la parte de donde nació a la parte de qué estudió y yo siempre decía, pero ¿y lo del medio? ¿Cómo era de niño?”, rememoró.

Actualmente, Georgina cuenta con casi 50 títulos a su haber, entre los que se incluyen Mi gorrita, Mi caballo, Ya llegan los Reyes Magos, Don Quijote para siempre y Puerto Rico de la A a la Z, todos hermosamente ilustrados por artistas profesionales.

Inspiración que se prolonga

A sus más de seis décadas de vida, Georgina no se detiene. Por el contrario, está en un buen momento de su carrera como escritora. “Estoy bien ocupada todo el tiempo”, resumió con alegría.

Uno de los proyectos que le mantienen entusiasmada es la culminación de sus estudios de Maestría.

“Una casa editora me regaló una beca para Maestría en Promoción de la Lectura y Literatura Infantil”.

“La maestría es en línea, a través de la Universidad Castilla La Mancha de España. (Recientemente) Estuve dos semanas para terminar este primer año y ahora estoy haciendo la tesis con un proyecto de lectura con un grupo de niños que van a unas tutorías que auspicia el programa Faro de Esperanza”.

Además, está a punto de publicar el libro “Dos amigos”, que se lanzará en México, y otros tres libros de texto que se publicarán con una editora norteamericana.

Por si fuera poco, el próximo mes de marzo participará en el Congreso de Literatura Infantil y Juvenil en Bogotá, Colombia.

Georgina visita escuelas y “le hablo a los niños sobre cómo se hace un cuento y llevo mis papeles  para que vean los borrones y vean cómo se hace un libro”, prosiguió quien cuenta con dos hijos y dos nietos.

Ocasionalmente, participa como voluntaria en el programa Cuéntame un cuento del Museo de Arte de Ponce.

“Es una bendición, a la edad de que las mujeres se están quejando, yo me levanto con muchas cosas que hacer”.

Lázaro León está interesada en ser profesora universitaria. Quiere utilizar su experiencia para sugerir cambios en los currículos universitarios para futuros maestros.

“Yo creo que las universidades deben entrenar a todos los maestros en literatura infantil. Es un recurso que se puede usar en todas la clases. Los maestros -especialmente de nivel elemental- deberían tener varios cursos para crear lectores y sensibilizarlos, no tener estudiantes que se quedan vacíos por dentro”.

Según la escritora y educadora, dejar un estudiante carente de las destrezas que imparte la literatura repercute en “mandar un mensaje mal escrito, a leer un dato que no es cierto, no poder comprobarlo, no poder hacer un resumen y ser críticos”.

“Las bibliotecas deberían tener un sector de literatura infantil. Vamos a leer un cuentito, pero que sea bueno, como debe ser, a no sacar la moraleja ni pedirle nada a los nenes. Que se les lea y que ellos lo pidan otra vez”, sugirió razonablemente.

“La lectura en la niñez es la cocción del escritor adulto ”, concluyó la experimentada cuentista.

 

 

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