La Perla del Sur

Ponce, Puerto Rico
Jueves
31
Julio
2014

Actualizado a las 09:28 AM

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Reflexiones desde un rincón del SITRAS

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En medio de uno de los días más calurosos de este verano, a mi compañera de toda la vida se le ocurrió la idea de experimentar el sistema de transportación público inaugurado el pasado mes de febrero, bajo el nombre SITRAS.

La sugerencia me pareció buena. Después de todo, tuve el honor de ser el orador principal de su inauguración y todavía era la fecha que no lo había usado.

En ocasión del lanzamiento, hablando desde la teoría y las experiencias en otros lugares, detallé los beneficios económicos, sociales y comunales que este sistema pudiera traer a la comunidad.

Sin embargo, como decía el jíbaro, una cosa es con violín y otra con guitarra.

Así que armado con un buen librito, emprendimos camino a pie -a eso de las 10:50 de la mañana- hasta la parada más cercana en la Avenida Fagot.

A solo medio bloque de camino pudimos constatar cómo nuestras comunidades han perdido, a favor de los carros, su espacio colectivo.   Los 400 metros entre mi casa y la parada de la guagua fueron una verdadera carrera de obstáculos entre aceras destrozadas y vehículos cruzados, en medio del espacio del peatón.

Pero a pesar de esos inconvenientes, la caminata no dejo de ser agradable.  Disfrutamos de los jardines y las flores de algunos vecinos. De igual forma intercambiamos saludos con personas que no conocíamos, pero que sonreían al vernos caminar frente a sus casas y descubrimos los lugares donde los perros y los gatos callejeros se refugian del calor veraniego.

Qué mucho saben los satos…

Experiencias todas nuevas a pesar de llevar 12 años viviendo y bicicleteando en esta comunidad.

En fin, que a las 11:00 llegamos a nuestra parada en la Fagot, esquina Tomás Ramos. Por suerte, el vecino que vive frente a la parada mantiene un maravilloso árbol de mangó que nos refugió del calor durante la espera, que duró algunos 30 minutos.

Confieso que fue un poco larga, pero entre el libro, la gente pasando y el fresco bajo el mangoíto, no fue una mala experiencia.

Para mi sorpresa -por la hora que era- la celebrada “Iguana” pintada de verde brillante venía llena. Sin embargo, gracias al profesiona-lismo del chofer, el proceso de embarque fue rápido y eficiente, por lo que en menos de un minuto emprendimos camino.

Sí buena fue la sorpresa por la cantidad de gente en el autobús, mejor sorpresa fue el comportamiento y civismo dentro del mismo.

Hace cuatro meses, en mi alocución durante la inauguración del sistema, explicaba cómo el uso del transporte colectivo promueve el civismo y cómo ayuda a crear comunidad.

Fue impresionante ver cómo los jóvenes se levantaban para dejar los asientos a los mayores y cómo todos esperaban sin problema mientras personas con limitaciones de movilidad y mujeres embarazadas negociaban para llegar a sus espacios.

De igual forma me impresionó el orden y la limpieza dentro de la guagua.

Un orden, no producto de miedo, vigilancia o represión, sino un orden como respuestas a las instrucciones claras y sensatas del chofer, quien acompañaba cada instrucción con una explicación de por qué debía ser así.

En fin, que sin darme cuenta y mientras escuchaba las conversaciones a mi alrededor o la música de los hoy cristianos Richi Ray y Bobby Cruz que emanaba del sistema de sonido, llegamos al terminal Garay a eso de las 12:00 del mediodía.

Allí, con el saludo del chofer, desembarcamos acogidos por un interesante sentimiento de tranquilidad.

En resumen tengo que admitir que la experiencia de viajar en “Las Iguanas” fue mucho mejor de lo que anticipé.

Hace unos meses dije en la tribuna de la inauguración que este sistema podría traer beneficios económicos, sociales y comunales. Tras mi experimentar el servicio me reafirmo.

Durante mi experiencia pude ver cómo ya cientos de personas se liberan del costo de la gasolina y se pueden mover sin costo por la ciudad, lo que resulta en beneficios para todos.

Sin embargo, el mayor beneficio que pude experimentar es cómo, en medio del trajín diario, la guagua se convierte en un espacio donde volvemos a ser gente, donde volvemos a ser comunidad. Donde el joven se levanta para ceder su asiento y donde todos velamos por el bienestar de los niños y ancianos.

Claro, siempre hay cosas que pueden mejorar.

La espera pudiera ser menor, el horario de servicio mayor, las paradas pudieran tener techitos, los acondicionadores de aire deben cotejarse en estos días de intenso calor y, por supuesto, debieran tener más rutas.

Incluso, le implementación de un costo mínimo por su uso y disfrute es algo que se debe dialogar y ponderar.

Pero al César lo que es del César.

Salvando todas las diferencias que tengo con la alcaldesa María Eloísa Meléndez en torno al manejo de la criminalidad o sobre el futuro de las relaciones con Estados Unidos, por ejemplo, tengo que admitir que este proyecto de transporte es un legado positivo para la Ciudad.

Un legado que todos los candidatos y candidatas de oposición deben comprometerse a mantener y expandir, si son favorecidos con los votos.

Pero sobre todo, es un legado que todo ponceño debe experimentar.

(El autor es criminólogo, profesor universitario y columnista de La Perla del Sur. Para comentarios puede escribir a Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

 

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