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Miércoles
22
Mayo
2013

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Recesión y crisis: la tormenta perfecta

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Los economistas Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, en su libro This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly, analizan la dinámica de diversas crisis financieras desde el siglo 13.

Uno de sus hallazgos más importantes es que la recuperación económica después de una recesión que va acompañada de una crisis financiera es mucho más lenta y prolongada en comparación con la recuperación económica que ocurre después de una recesión, que no coincide con una crisis financiera.

Esto se debe en parte a que durante una crisis financiera la contracción en el crédito es mucho más profunda que en una recesión “normal” y en parte a que la consolidación, restructuración, y desapalancamiento de los estados de situación (“balance sheets”) de las instituciones financieras es un proceso lento y difícil.

De acuerdo con Reinhart y Rogoff, las crisis financieras usualmente tienen una secuela con tres ca-racterísticas principales. La primera, que el colapso de los mercados de activos tiende a ser profundo y prolongado.

Por ejemplo, la reducción promedio en los precios de bienes raíces en las 18 crisis post-1945 que analizaron para su estudio fue de 35 por ciento y duró alrededor de seis años.

Segunda, las reducciones en el empleo y la producción son relativamente profundas también. La tasa de desempleo tiende a subir alrededor de siete puntos porcentuales y la producción se reduce por nueve por ciento, en promedio.

Tercera, el valor real de la deuda gubernamental aumenta, en promedio, 86 por ciento en comparación con el valor real de la deuda anterior a la crisis.

Dicho aumento se debe no solo a los costos de asociados con los costos de rescatar (“bailing out”) y recapitalizar el sector financiero, sino también a la reducción de los recaudos gubernamentales.

Es por estas razones que la “Gran Contracción” que hemos vivido desde el 2008 ha sido tan dura.

En Puerto Rico no se ha estudiado adecuadamente la parte de la crisis que ha afectado al sector bancario de la Isla. Analizando los datos de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras (OCIF), proponemos la siguiente narrativa del rol de las instituciones financieras en nuestra crisis económica.

Comenzando después de la recesión del 2001, la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés a corto plazo a unos niveles extremadamente bajos. Las instituciones financieras, tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico, en su búsqueda de rendimientos altos, se concentraron en el sector de bienes de raíces.

En Puerto Rico, en términos específicos, los bancos se concentraron en el financiamiento de proyectos de construcción, lo que eventualmente desencadenó una burbuja especulativa en este sector.

Parece que a nadie se le ocurrió preguntar quién, exactamente, iba a comprar todas estas propiedades nuevas, en su mayoría residencias de alto costo. Por el contrario, en aquella época era común escuchar a banqueros y desarrolladores decir que “Puerto Rico es 100 x 35 y no va a crecer más” para justificar la actividad desmedida en el sector de la construcción.

Analizando los datos de la OCIF, resulta obvio que la burbuja llegó a su pico en el 2005. Al 31 de diciembre de ese año los activos financieros en Puerto Rico sumaban más de $100 mil millones. Después del 2005, la actividad bancaria en Puerto Rico comenzó a reducirse, primero paulatinamente, y después del 2008 de forma acelerada.

Esta contracción bancaria se debe, en parte, a las investigaciones que llevó a cabo la Securities and Exchange Commission sobre las prácticas contables de algunos bancos en Puerto Rico; en parte, al cierre del gobierno en el 2006 y la recesión local que comienza en marzo de ese año; y en parte, a la crisis financiera mundial que comienza en el 2007 y se agrava profundamente en el 2008.

El impacto acumulativo de estos eventos en el sector bancario de la Isla ha sido significativo. Los activos totales de los bancos comerciales en Puerto Rico se han reducido de $101,478,871,000 al 31 diciembre de 2005 a $70,788,690,000 al 31 diciembre de 2011, una reducción de $30,690 millones, equivalente al 30.2 por ciento.

Dicho de otra manera, el sector bancario de Puerto Rico se ha reducido aproximadamente por una tercera parte desde el 2005.

La reducción en las carteras de préstamos, aunque en menor escala, ha sido similar, bajando de $57,838 millones en el 2005 a $49,182 millones en el 2011, una contracción de $8,656 millones, o 15 por ciento.

¿Qué podemos concluir?

Primero, el proceso de consolidación y reestructuración del sector bancario en Puerto Rico no ha terminado. Los activos totales y los préstamos se redujeron por 6.3 por ciento y 3.7 por ciento respectivamente, tan reciente como el año pasado.

Segundo, la banca puertorriqueña no podrá contribuir positivamente al crecimiento económico hasta que termine el proceso de consolidación y reestructuración.

Tratar de determinar cuándo va a terminar este proceso es muy difícil sin tener acceso a información sobre la calidad de las carteras de préstamos de los bancos. Solo la gerencia de cada una de estas instituciones sabe cuántos activos tóxicos les quedan en cartera.

Tercero, mientras continúe el desapalancamiento del sector financiero y la contracción crediticia que esto implica, es muy poco probable que la economía de Puerto Rico pueda crecer al ritmo necesario para reducir significativamente el desempleo y aumentar el ingreso agregado de manera sostenida y robusta.

Cuarto, el mercado de vivienda en Puerto Rico todavía no se ha recuperado. Existen de manera simultánea un exceso de demanda por viviendas de bajo costo y un exceso de oferta de viviendas de alto costo.

El mercado, por lo tanto, no está balanceado. A esto hay que sumarle el hecho de que Puerto Rico ha perdido más del dos por ciento de su población desde el 2000. Menos gente significa menos demanda por vivienda.

Quinto, la desaparición de tres bancos y la pérdida de capitalización en el mercado (“market capitalization”), en algunos casos en exceso de 90 por ciento, de otras entidades bancarias, implica la destrucción de una parte significativa del acervo de capital de Puerto Rico, ya que muchas familias puertorriqueñas con altos niveles de ingreso y riqueza habían invertido en acciones de los bancos locales.

Recuperar ese capital perdido podría tardar una generación o más.

Finalmente, el lado reverso del desapalancamiento es un aumento en la tasa de capitalización. La razón capital/activos ha aumentado de 6.6 por ciento en el 2005 a 10.2 por ciento en el 2011.

Esto significa que una vez termine el periodo de consolidación y asimilación de pérdidas, el sector financiero de la Isla debería de estar lo suficientemente robusto para comenzar a financiar agresivamente la inversión que tanto necesitamos para restaurar el crecimiento en Puerto Rico.

(El autor es Director de Política Pública del Centro para la Nueva Economía. Para más columnas acceda a grupocne.org)

 

 

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