La barriada Bélgica en Ponce, cuna de la celebrada intérprete y embajadora musical Ruth Fernández, amaneció el martes con el inconfundible silencio del luto.
Aunque muchos aparentaban continuar con su rutina diaria, la comunidad respiraba a un ritmo distinto solo horas después de la partida de su hija predilecta.
Mas lejos de los actos públicos de duelo y declaraciones de figuras conocidas, una humilde familia lloraba la pérdida de su eterna vecina de la calle Colombia, a quien llamaron “una más de la familia”.
Sentada en su sillón mecedor, con periódico en mano y ojos vidriosos, Luz Elena Suñe Rodríguez recordó al “Alma de Puerto Rico hecho canción”, como nadie más puede en el país.
A sus 93 años de edad, ella es de las pocas amigas de infancia que aún viven.
“Cuando Ruth venía, tú lo sabías, porque desde lejos ya gritaba”, recordó con mirada casi perdida. “Cuando se mudó para acá, habían solo cuatro casas en esta calle”.
Doña Luz Elena fue amiga de Ruth Fernández desde los siete años de edad. De hecho, hoy aún vive en la misma casa donde la conoció hace 86 años.
“Nosotros jugábamos de todo, trompo, Bolita y Hoyo. Ese poste que esta ahí puede contar historias”, afirmó sonriente. “Ella siempre fue muy buena y bien alegre. Cantaba y le gustaba elevar chiringas”.
“Fue amiga íntima de mi hermana Matilde. Ruth la defendía más que na’. Parecían hermanas”, recordó además. “Como ella bajara de San Juan, siempre nos llamaba y llegaba hasta aquí”.
Hace apenas un año, Fernández Cortada regresó a Bélgica y llegó hasta la casa de Doña Luz, donde la saludó y compartieron juntas por última vez.
“Ha sido una mañana triste. Mi mamá es bien sentimental y el cariño hacia Ruth es muy grande”, dijo por su parte María Teresa Díaz Suñe, hija de Doña Luz y quien también compartió con la intérprete.
“Muchos recuerdan a Ruth como la cantante o como la senadora, pero nosotros la recordamos como la vecina, la amiga, como la niña que se crió aquí en el barrio. Fue una persona muy humanitaria, humilde y nunca olvidó sus comienzos. Era bien dada a los demás”, sostuvo.
“Aunque esperaba la noticia, me ha causado mucha tristeza. Bélgica y Ruth Fernández significan mucho para mí y uno no puede pensar en una sin la otra”, añadió.
Su hermana Esther Díaz Suñe también la extrañó con lágrimas en los ojos.
“Mis hermanas y yo la recordamos de nuestra infancia. Cuando éramos niñas, ella nos montaba a todas las vecinitas del barrio en su carro y nos llevaba a pasear”, explicó. “Para ella, aun después cuando éramos adultas, siempre fuimos las nenas de (Luz) Elena”.
“Íbamos a buscar las máscaras a San Antón y luego de cucarlos -porque les tenía terror- salía corriendo y se metía a la casa. Ella parecía más niña que nosotros”, continuó María Teresa.
“Ella ya era adulta y bien reconocida, pero jugaba con nosotras y eso nos hacía sentir muy bien. Era una amiga, más porque era así de humilde”, sostuvo. “No importa lo lejos que llegó, siempre recordó que es de aquí y lo hizo con mucho orgullo”.
Huella en el barrio
Al dar un recorrido por la comunidad, historias sobre Ruth Fernández saltaban en cada esquina.
“En los bajos de este edificio había una barra y en los altos había un salón de baile. Las personas mayores que viven por aquí recuerdan que ella cantaba allá arriba”, dijo Ángel Rivera Sánchez, propietario de la Ferretería Bélgica en la calle Gran Vía, esquina Cruz.
“No hay quien no conozca a Ruth Fernández en Ponce y más aquí en Bélgica. Lamentamos su muerte”, dijo por su parte el hijo de Rivera Sánchez, Jesús Rivera Colón.
En el negocio Domplines Bélgica también era evidente la noticia.
“Mi esposa y yo conocimos a Ruth Fernández y ella fue amiga de mi padre, Pedro Quiñones, quien era músico”, relató Pedro Quiñones Santiago, natural de la Calle 1 de Bélgica.
“Puerto Rico ha perdido una de sus más grandes glorias. Ella fue una mujer de vanguardia y lo probó durante toda su vida. Luchó contra muchos obstáculos y con la ayuda de Dios pudo vencerlos”, afirmó.
“En Bélgica nos sentimos muy orgullosos de haber tenido en nuestro barrio a una persona como Ruth Fernández”, añadió.
De forma similar se expresó Rosa Castaing Torruellas, presidenta de la organización “Los Hijos de Bélgica”.
“Ruth Fernández fue una mujer única, no solamente para Bélgica y para Ponce, si no para todo Puerto Rico”, sostuvo. “Ella amaba a Bélgica y aunque eventualmente vivió en San Juan, su familia seguía en la comunidad y ella siempre regresaba”, continuó.
“Ella nunca dejó su barrio y esto era su casa. El dolor de su partida se siente aquí en la comunidad”.
Por último, Castaing Torruellas exhortó a la ciudadanía y a las autoridades municipales a no olvidar a quien tanta gloria le dio a la Ciudad, por lo que hizo un llamado a que se establezca un espacio digno en su honor.
“Ponce tiene que hacer algo para reconocer la labor y la vida de Ruth Fernández. Tenemos que unir fuerzas para que el pueblo de Ponce y todas las personas que en estos momentos están llorando por la partida de esta gran mujer, tengan un lugar que sirva de recordatorio, para siempre, del legado y la importancia de Ruth Fernández”, sentenció.
11 de enero de 2012









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