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Artistas perpetúan a José Ayoroa Santaliz

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Septiembre es un mes de revoluciones, gritos, huracanes, nacimientos y renacimientos.

Y no faltaba más que escogiera un día para el alumbramiento de José Enrique Ayoroa Santaliz, quien con su alargada figura ha abrazado desde Guajataca hasta los Cedros y desde la Isla Nena hasta La Mona, el país que lleva dentro, con 78 corazones latiendo.

Para celebrar su cumpleaños, el pasado domingo, 18 de septiembre, se convocó a sus amigos y admiradores a una velada en el Centro Cultural Carmen Solá de Pereira en Ponce, a la que asistió Danny Rivera acompañado de Kacho Montalvo, para cantar unas notas de aniversario.

Y es que desde su nacimiento en 1939 Ayoroa Santaliz ha cultivado la gentileza, elegancia y amabilidad, aún en el fragor del debate con uno de los suyos o del bando contrario, creando un ecumenismo político pocas veces visto en el sector independentista.

“José Enrique Ayoroa Santaliz es de genética lacrimógena. Y razones tiene para llorar. Y solloza porque quiere y siente. Pero el bueno Trascendente, para reparar la separación en lo inmediato de sus seres queridos, siempre le depara -como el retorno heraclitiano- el cariño de la estirpe en la suavidad de la voz y figura de sus niñas y le ha procurado, para las duras ausencias, la mañanera y amorosa presencia de su adorada Rocío”, describió Luis Rey Quiñones Soto, el amigo que convocó a muchos otros a la celebración.

“Por eso, en el epígrafe del artículo sobre la Orquesta de Rafael Muñoz, hermanado con Antonie de Saint-Exupéry, nos recuerda: El agradecimiento es el único exceso permisible”, concluye el economista, al explicar las razones que lo movieron a celebrar el nacimiento de su admirado abogado nacido en Isabela.

Para la ocasión, además, un grupo de artistas del pincel, el lápiz y el lente, tributó al abogado retirado de los acusados y defensor perpetuo de la patria con una propuesta lúdica del agradecimiento.

Así, la plástica reinterpretó el rostro en las múltiples facetas de Ayoroa Santaliz, sin economía de trazados, sin presupuesto de colores, sin escatimar en sentidos, sentimientos, miradas, escenarios, sin excesos, sin poses ficticias, sin aditamentos superfluos, sin artificios que pudieran sugestionar a un jurado en una corte.

Lo presentaron tal como es. Largo en el físico, profundo en el pensamiento y hondo en el sentimiento.

El cagüeño Orlando Vallejo Caraballo, presentó en óleo sobre tela la figura de Ayoroa Santaliz, con camisa negra de nacionalismo puertorriqueño, en una argumentación, con la mirada fija en su interlocutor, con su cabello negro azabache y su barba blanca de experiencia.

Y es que Ayoroa Santaliz posee una mirada curiosa de adolescente, una papada de vasto conversador, y los lentes acusan a un ávido lector.

Por su parte, el serigrafista Héctor Escalante obsequió un acrílico sobre tela en la que aparece como protagonista la sonrisa de Ayoroa Santaliz, mientras la estrella solitaria lo visten para la tan esperada cena de la libertad que tanto ansía.

El maestro Rafael Rivera Rosa recogió a un Ayoroa Santaliz sentado, mientras observa Albizu Campos soltando una paloma. Se trata de un Giclée, 20”x 17”.

Entretanto, Julián Ruiz, para quien en arte es una celebración de la vida, acogió al Ayoroa Santaliz abogado, el que dedicó casi medio siglo de su trayectoria profesional. “La palabra es justicia, la Justicia no es ciega”, es el óleo sobre canvas que le dedicó.

Mas como los fotógrafos son ladrones de imágenes, se apoderan de un segundo de la historia y la propagan a través de su arte óptico, el fotoperiodista Ludwig Medina Cruz presentó “Tribuno de Tenerías”, una foto ENDURA en superficie.

Medina Cruz, cuyo trabajo aparece semanalmente en La Perla del Sur, capta un momento en el que Ayoroa Santaliz habla a los asistentes de un natalicio de Don Pedro Albizu Campos, mientras en la parte de atrás, como testigo y maestro, aparece la estatua del prócer ponceño.

El maestro José Alicea, elaboró en tinta sobre papel a un Ayoroa Santaliz pensativo, reflexivo, mientras un cuadro de Albizu Campos no quita la mirada sobre su rostro, como un encuentro entre maestro y discípulo, y el recuerdo de unas palabras “Vive por sus obras y las obras de sus discípulos”.

José Balay Ruiz, el ponceño que ha viajado América y Europa con sus acrílicos majestuosos,  logró captar al abogado de las ideas de la libertad en “El Quijote del Sur”, medio mixto 24” x 24¨.

“El Parto floral” fue la obra de Pablo Marcano García. Se trata de un acrílico sobre tela 19” x 24”, en el que las hojas van dibujando los contornos del rostro de Ayoroa Santaliz, donde sobresale la sonrisa del eterno optimista.

En “Una estrella compartida”, Norberto Martel muestra en un acrílico sobre canvas a un Ayoroa Santaliz con la sonrisa adolescente, lúdica, y la barba espesa, dentro de una estrella, dando una sensación a primera vista del retrato de un juez, y no del abogado que hemos conocido, como si de defensor de nuestra historia se hubiera transformado en juzgador del tiempo.

Patrick Urbain se concentró en “El Orador”, un acrílico sobre tela que perpetúa esa faceta que ha cultivado Ayoroa Santaliz, y por la que ha sido tan admirado.

Su elocuencia, la firmeza de sus convicciones, la afable voz, el matiz de sus palabras y la contundencia de su discurso son recogidas con justicia por Urbain.

Quique Ayoroa Santaliz en el “Taller de La Playa” es la obra del maestro Antonio Martorell. En medio mixto, muestra a Quique -como de cariño le llaman sus amigos- relajado, reflexivo, como mirando al pasado y al futuro al mismo tiempo que se afianza en el presente.

Es una obra que supera el tiempo, está detenida y el movimiento, somo si fuera una obra de Borges, Kundera o Nietzsche, que se concentran en el eterno retorno, en la repetición de la historia hasta que sea perfecta.

Rafael Trelles, recogió en su obra de lápiz sobre papel “El Patriota”, un retrato muy vivo, suave y enérgico, en el que Ayoroa Santaliz establece contacto con un ruiseñor, como si estuviera cantando ‘Verde Luz’ de Antonio Cabán Vale o ‘La Borinqueña’ de Lola Rodríguez de Tió.

“Ayoroa en el tiempo”, un acrílico sobre canvas, fue el obsequio del ponceño Wichie Torres. El pincel de tres corazones presenta a un Ayoroa Santaliz siempre joven a través del tiempo, en el que su rostro se presenta en varios estadios, en varios momentos, pero siempre con los mismos ojos, aunque diferente mirada.

Es como aquella canción de Pablo Milanés, que nos recuerda que el tiempo pasa y el amor no lo refleja como ayer o como Mercedes Sosa nos cantaba: “Todo cambia, pero no cambia mi amor”.

Las obras fueron donadas al Fideicomiso para el Beneficio de Claridad. Por eso, Ayoroa Santaliz, al aceptar el homenaje pictórico en su cumpleaños, recalcó que “no soy el objetivo de esta actividad, solo soy el instrumento”.

En la ocasión se unieron además el expreso nacionalista Rafael Cancel Miranda, Alfonso “Tuto” Giménez-Porrata, César Hernández Colón y Pedro Malavet Vega, entre otros.

21 de septiembre de 2011

 

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