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Miércoles
01
Octubre
2014

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7 de octubre de 1985:

Un drama, múltiples huellas y lecciones

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Uno de los periodistas de mayor impacto nacional, por su dinamismo y elocuencia, es Luis Penchi Ramírez.

Precisamente, este ponceño fue el reportero más escuchado tras el fatal desenlace del derrumbe que apagó a Mameyes, el 7 de octubre de 1985.

Su voz, incluso, fue recogida durante días por los corresponsales de las agencias internacionales de noticias que documentaron la catástrofe para el mundo entero.

Sin embargo, lo que transmitió al aire no pudo haberse escuchado sin la presencia de uno de los directores técnicos más experimentados de Puerto Rico, Willie Batista Santiago, quien en la noche del domingo, 6 de octubre de 1985, manejaba de Hormigueros a Ponce tras completar la transmisión de un maratón.

“Cuando vengo de regreso con mi hijo Guillito, Penchi me llamó para decirme que las cosas en Ponce no estaban muy buenas y que las lluvias no cesaban, por lo que me necesitaban”, recordó Batista Santiago.

Por ello, junto al veterano periodista se dirigió a varios lugares donde las lluvias habían causado estragos. Incluso, estuvieron en el puente de la autopista de Santa Isabel, antes de que cayera y causara la muerte a conductores, pasajeros y hasta agentes de la Policía.

Esa misma noche, además, un matrimonio fue arrastrado por las lluvias en un puente de Juana Díaz mientras Penchi Ramírez y Batista Santiago documentaban lo que ocurría, lo que provocó que el locutor ponceño perdiera consternado el habla y cediera el micrófono a su compañero de equipo.

“Eso fue algo que me impactó mucho, porque creo que es la primera y única vez en su carrera que Penchi no pudo seguir narrando”, aseguró el aún activo director técnico.

Según reconoció, aquella fecha, aquellas horas, fueron como una sucesión de eventos que los preparaban para el siguiente, como si se tratara de una prueba de noticias en escalada y de mayor intensidad.

El suceso culminante, aseguró, ocurrió en la mañana cuando un oyente alertó sobre los hechos durante el programa radial de la fenecida moderadora Jeannette Blassini.

Sin horas de sueño y periodistas al fin, el equipo de redacción de WPAB fue a corroborar la información.

“Fue algo devastador. No fue nada agradable lo que vimos”, recordó Batista Santiago. “Como profesionales cada evento nos preparó, pero lo de Mameyes fue algo que nos llegó a lo más hondo. Como ser humano fue una experiencia muy dolorosa”, agregó.

Reflexión en la distancia

Ya a un cuarto de siglo de estos hechos, Vivien Mattei Colón, quien dirigía la Oficina de Prensa y Comunicaciones del Municipio de Ponce, admite que entre las grandes enseñanzas aprendidas tras la tragedia sobresale su admiración y respeto por el servicio público y los empleados municipales, quienes “prácticamente abandonaron sus hogares y familias para sumarse a los esfuerzos de ayuda a las víctimas”.

Entretanto, Edgar Vázquez Colón, el primer fotoperiodista que llegó a la escena del drama, interpreta lo acontecido en Mameyes como una marca en su carrera.

“Desde ese día, como parte de mi trabajo profesional, me preocupo por la sensibilidad de los familiares y las víctimas”, subraya quien actualmente labora para el diario Primera Hora.

No obstante, lamentó que gran parte del acervo fotográfico de estos hechos se haya perdido.

Según relató, se tomaron miles de fotos que documentaron la tragedia, “pero alguien de la Guardia Nacional se incautó de ellas, por lo que el archivo del Municipio es limitado”, como se evidencia en una exhibición que presenta durante este mes el centro comercial Plaza del Caribe.

Asimismo, admite que al poco tiempo del desastre “me molesté porque había comerciantes lucrándose con las fotos de Mameyes”, razón por la cual no había querido repasar estos recuerdos, hasta ahora.

Gran tragedia: mayor lección

“Algo pasó en Mameyes”. “Mameyes se vino abajo”.

Estas fueron las expresiones más escuchadas por los vecinos de los barrios aledaños cuando una explosión o gran trueno alertó a todo Ponce de que algo fatídico había ocurrido.

Aquella madrugada del 7 de octubre, una avalancha de lodo cubrió una enorme porción de este barrio, desconocido para algunos e inexistente para otros, debido a la precariedad económica de sus habitantes.

Y aunque funcionarios de la Defensa Civil Municipal y la Policía local habían logrado llegar al lugar -quedando paralizados por lo que veían- no fue hasta media mañana que la noticia se regó como pólvora.

Se activaron los organismos estatales de seguridad, en respaldo a los esfuerzos municipales y a los voluntarios que llegaron de todas partes del país, lo que propició que “volviéramos a ser gente”, como aquel extraordinario cuento de José Luis González, ya que la solidaridad salió a flote y la hermandad se impuso.

Todos los municipios se unieron a Ponce, y Ponce se convirtió en Puerto Rico.

Todavía hoy no se sabe cuántas casas desaparecieron, cuántas personas fallecieron e, incluso, se desconoce claramente qué fue lo que pasó.

Sin embargo, Mameyes se convirtió en ejemplo para una ciudad, una región y un país, porque llamó la atención sobre la improvisación, la planificación desorientada y el aislamiento social.

Por eso Mameyes no se puede convertir en una celebración folclórica o publicitaria, en un recuento estadístico y mucho menos en una vitrina política.

En su lugar, debe servir como una llamada de alerta, un remezón a la conciencia y un emplazamiento a la sociedad para que la pobreza no derrumbe los sueños.

Incluso, para que la desigualdad no sea protagonista en la mesa y que la fraternidad se exhiba como la más galante de las vestimentas.

En Mameyes hubo muertos que nunca pudieron ser rescatados y desaparecidos que no fueron contabilizados, pero también aparecieron héroes anónimos -gente de carne y hueso- que no llevaba uniforme ni estrellas, seres que se entregaron en alma y corazón para ayudar a reparar lo irreparable.

Por eso, está crónica no incluye nombres.

Sería injusto mencionar a uno solo, porque los que no se mencionan, que son mayoría, habitan en Mameyes con el mayor homenaje que se puede hacer a las víctimas desaparecidas.


 

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