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Salvador Dijols:

Adiós a otra gloria del básquet ponceño

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deportes_02_foto(Extracto de una entrevista realizada en 1992)

En días recientes falleció Salvador Dijols, una gloria del deporte puertorriqueño.

Natural de la Playa de Ponce, “El Balco” -sí, así como leyó: con la ele y sin la erre-, vistió durante muchos años el uniforme de los Leones, quinteto en el que se convirtió en un estelar del basquet boricua.

Era una época muy distinta a la que hoy se vive: el concepto equipo era sagrado y los egos y afanes personales jamás iban por encima de los intereses colectivos. De aquellos equipos, de hecho, se pueden mencionar variados jugadores de impacto, lo que ratifica y glorifica el valor de cada uno de los integrantes de aquella brigada rojinegra.

Como punto de partida, vale desenredar eso de “El Balco” con la ‘ele’ y en esta entrevista, realizada hace 18 años, el propio Dijols aclaró:

-“¡Je, je!”-, Dijols sonríe y se echa hacia atrás en la silla giratoria de su oficina situada en el cementerio municipal de la Playa de Ponce, el cual tiene a su cargo y contesta:

-“Esto ocurre porque yo le digo a mis amigos, balco. Balco pa’quí, balco pa’lla. Mira, balco es como decir amigo”-, dijo.

-¿Sin la letra erre?

-“Con la letra ele, en vez de erre, balco”- aclara y prosigue: -“Cuando teníamos que jugar viajando por los distintos pueblos de la isla, los muchachos del equipo contrario me conocían y me saludaban por “El Balco”. Esto era lindo porque nos ayudaba a mantener una simpática amistad, también entre ellos algunos se decían “balco”.  La gente de la Playa de Ponce adoptaron esta palabra y todavía hay muchos que se llaman por balco”-.

-O sea, que esa palabra tú te la inventaste.

-“¡Eso dicen por ahí, balco!”-.

Ponceño y playero

Salvador “El Balco” Dijols nació un martes, 11 de noviembre de 1940 en la avenida Hostos, casi esquina By Pass, en Ponce, siendo el menor de los seis hijos del matrimonio del ponceño Hilario Dijols y la sabaneña Carmen Ocasio.

Su padre se dedicaba a la perforación de pozos profundos de agua potable y su hijo menor, Salvador, aprendió el oficio de plomería en la Escuela Vocacional Bernardino Cordero de Ponce.

En ese tiempo, “El Balco” ya jugaba baloncesto, deporte en el que se inició mientras estudiaba en la escuela intermedia Santiago González de la Playa de Ponce.

Sin embargo, en un período relativamente corto de tiempo, Dijols vio cómo su vida se estremecía ante el fallecimiento, primero de su padre y tres años más tarde de su madre, lo que le causó mucha tristeza llegando a pensar, incluso, en abandonar el baloncesto.

Sin embargo, su alejamiento no fue por mucho tiempo y con apenas 16 años de edad, se estrenó con los Leones en el 1956. Su reclutador fue Willie Vicéns, quien fungía como apoderado de los Leo-nes, y lo vio jugar en el patio de su casa mientras se paseaba por el barrio playero.

-“¿Quieres jugar con los Leones de Ponce?”-, le preguntó Willie a Dijols.

Ese fue el comienzo de una gloriosa trayectoria.

Dijols, también apodado “Mano Santa”, jugó por más de una década con los Leones, desde 1956 hasta 1967, ayudándolos a ganar cinco campeonatos y tres subcampeonatos, además de ser parte del Equipo Nacional en varias ocasiones, incluyendo el quinteto que participó en el Mundial de Chile y en el que su compañero de equipo, Juan ‘Pachín’ Vicéns (QEPD), fue seleccionado como el mejor jugador del planeta.

Luego jugó con los Atléticos de San Germán, en el 1969 y 1972, año en que anunció su retiro.

Recuerdos de una gran época

-Salvador, ¿recibían ustedes paga en dinero a cambio de jugar baloncesto?

-“Nada que yo sepa. Lo que sí recuerdo es que nos daban, para las dietas solamente, cincuenta centavos por jugador. Luego nos aumentaron a un peso y después a dos que se iban en un canto de pan y refresco”-.

-En la actualidad (1992), ¿los jugadores reciben dinero como pago?

-“¡Muchacho, ahora es un guiso!  En la actualidad a los baloncelistas se les trata muy bien, figúrate que se aprobó una ley que dice que a cualquier atleta que se desempeñe en esa función se le pague la cantidad de $8 mil al año. Pero balco, tu sabes cómo son las cosas, hay personas que reciben mucho más que eso”-.

-¿Cómo comparas el baloncesto de hoy con el baloncesto de tus tiempos?

-“Bueno, balco, de la siguiente manera, mi apreciación es que en la actualidad hay solo uno o dos baloncelistas que son los que hacen los puntos para el equipo. Este o estos hombres se llevan el aplauso de la fanaticada y son los que la prensa más elogia. En mis tiempos todos los muchachos éramos estrellas. Todos trabajábamos pa’ ganar. Por otro lado, cuando yo era jugador activo, en mi época, no se nos pagaba dinero. Ah, pero eso sí, nos disfrutábamos todos los viajes que hacíamos a los pueblos alrededor de la isla. Conocíamos mucha gente y teníamos la oportunidad de hacer nuevos amigos. Visitábamos muchos lugares que para nosotros resultaba un nuevo ambiente”-.

-Como equipo, ¿visitaron otros países?

-“¡Claro! Entre 1959 y 1963 tuve la oportunidad de viajar a Sur América con el equipo de Puerto Rico. Esto fue durante la celebración de la Competencia Mundial de Baloncesto en Chile. Luego viajamos a Chicago para los Juegos Panamericanos y otros juegos celebrados en Brasil”-.

-¿Qué experiencia obtuviste durante ese tiempo?

-“Unas muy buenas, balco, y otras no tan buenas”-.

-Explícate.

-“Mira, cuando yo estuve destacado como atleta en los juegos de las Américas, yo mido 6’-3”, se me presentó una oferta para estudiar y jugar con el equipo de baloncesto de Orillo Verde de Barcelona, España. Hice el viaje y comencé mis estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona. Al año siguiente, a solicitud del equipo Ponce Leones regresé a la isla para jugar con el equipo (rojinegro). Habíamos acordado que al terminar la temporada, ellos se comprometían en conseguirme el pasaje de regreso a España (1962). No lo hicieron. Allá dejé mi ropa, mis libros, mis estudios y el compromiso con el equipo de Orillo Verde. Con toda probabilidad tuvieron que tildarme de irresponsable. Hice todo lo que pude para regresar a España pero todo mi esfuerzo fue inútil. Todos mis sueños se esfumaron”-.

-¿Qué hiciste luego?

-“¡Trabajar! Lo hice en un laboratorio clínico de Ponce. Luego jugué con el equipo de San Germán dos temporadas y luego me retiré”-.

-¿Y te sientes disgustado por lo que te hicieron?

-“No, balco. Yo no le guardo rencor a nadie.  Dios está allá arriba y es Él quien nos juzgará por lo que hagamos aquí en la tierra”-.

-Y lo de “Mano Santa”, ¿Cómo surge?

-“Ese fue el narrador Manuel Rivera Morales (QEPD), “Mr. Apúntenlo”, quien me decía así por mi juego defensivo”-.

Cuando dialogamos con Dijols, tenía 52 años cumplidos, era empleado del Municipio de Ponce en el Departamento de Empresas Municipales y también fungía como árbitro en la Liga Puertorriqueña de Baloncesto.

Pero su principal misión era ayudar a las personar carentes de fe y, como misionero en su iglesia, llevaba la prédica de sanación de cuerpo y alma a los hermanos latinoamericanos en los países que solicitaban su presencia.

-¿Qué opinas de la cancha bajo techo que se construyó en la Playa de Ponce y que lleva tu nombre?

-“La gente me quiere mucho. Eso es maravilloso, pero más los quiero yo a todos ustedes”-.

-Dijols, ¿quiénes eran aquellos jugadores de tu equipo?

-“Pues, ahí estaba ‘Pachín’ y Coco Vicéns, César Bocachica, Toño Morales, Martín Jiménez, Tomás Serrano, Ángel ‘Conejo’ García, Arnaldo Hernández, Marcelo Trujillo, Salvador Dijols, que soy yo, José Indart, Pedro Cepero y José O. Serrallés”.

¡Tremendo trabuco!

 

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