Es hora de decisiones: no hay salida a la crisis con el plan fiscal

El plan fiscal impone una serie de profundos recortes y casi un centenar de aumentos en las tarifas e impuestos del gobierno, que deteriorarán dramáticamente la calidad de vida de los puertorriqueños.

El pasado 13 de marzo, la Junta de Control Fiscal aprobó el plan sometido por el gobierno de Ricardo Rosselló Nevares.

El gobernador y su equipo tomaron este hecho como festivo y motivo de triunfo. Esto le quitó la presión política a la Junta sobre los efectos de las políticas draconianas de austeridad que, a juicio de los economistas más versados, devastarán aún más la maltrecha economía de Puerto Rico.

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Ahora, el gobierno no podrá echar culpas a la Junta por los efectos de su plan fiscal.

El plan fiscal impone una serie de profundos recortes y casi un centenar de aumentos en las tarifas e impuestos del gobierno que deteriorarán dramáticamente la calidad de vida de los puertorriqueños, ocasionarán inflación en los precios de los bienes y servicios, destruirán el sistema de salud y obligarán a la desaparición de la educación universitaria pública y accesible económicamente.

Todo esto labrará que la economía de Puerto Rico siga despeñándose, más familias perderán sus residencias y autos, los bancos extraviarán su estabilidad económica y racionarán aún más el crédito disponible.

Las puertas de oportunidad se cerrarán para miles de jóvenes que no les quedará otro remedio que emigrar, lo que agudizará el círculo vicioso de mayor contracción económica, por la consecuente caída en la demanda por bienes y servicios.

Lo que aprobó la Junta, según sometido por el gobernador Rosselló Nevares, no es sino un ejemplo calamitoso y trasnochado de medidas de austeridad que ya se ensayaron en países de América Latina y Europa, y que sus proponentes -el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial- reconocieron su fracaso, pues aumentaron dramáticamente la desigualdad económica y social.

La situación económica de Puerto Rico es muy grave, pero las medidas de la Junta y del gobierno empeorarán la situación. Como la austeridad ocasionará que no se cumplan las expectativas de recaudo, la Junta, en su miopía agringolada, seguirá realizando cortes que acosarán la calidad de vida del país y animarán la emigración con la consecuente aceleración de una mengua económica adicional.

Seguiremos ajustando a la baja el plan fiscal en un eterno retorno nietzscheniano, hasta que la vida en Puerto Rico se haga insostenible.

Lo que faltó en el plan fiscal fueron las medidas de crecimiento económico, que permitan relanzar la economía para, entonces, aumentar los recaudos fiscales.

La estructura de la economía de Puerto Rico se ha derrumbado y por ende, hay que reformularla desde unos supuestos fundacionales nuevos. De la única manera en que este desmoronamiento económico podrá contenerse es mediante cambios estructurales, que pueden partir de dos premisas fundamentales:

– Que se reconozca la paridad de fondos federales para Puerto Rico, lo cual es totalmente improbable y absurdo de creer ante la crisis política de Estados Unidos; o,

– Que Puerto Rico adquiera las herramientas y poderes de la soberanía para lidiar con la política económica internacional, que nos dé acceso a capitales y ayudas internacionales, que junto a los tratados internacionales de solidaridad y apoyo que existen en América Latina, nos permitirían relanzar nuestra economía.

Es la hora de grandes decisiones. La Junta nos exprime y golpea para pagar a los bonistas. La situación económica no va a mejorar con el plan fiscal.

Hay que resistir a la Junta luchando juntos por la descolonización de Puerto Rico.

(El autor es abogado, presidente del Bufete Emmanuelli, expresidente de la Cámara de Comercio del Sur y columnista de La Perla del Sur)