Hacen del cine un proyecto de solidaridad

José Luis “Chema” Baerga Aguirre es un joven camarógrafo profesional que desde adolescente se echaba su cámara portátil al hombro para grabar lo que ocurría a su alrededor. Dice que cuando juntaba los pedazos siempre había algo que contar.

Por varias semanas su sobrino de 10 años de edad, Ricky Manuel, insistió que hiciera un nuevo “proyecto” y Chema lo complació. Entonces, lo que parecía un cortometraje de un chico pelotero con sus amigos, se convirtió en una película que supera los 90 minutos, que relaciona a una comunidad, agrupa a más de 35 personas y narra una historia.

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“Como a Ricky Manuel le gustaba la pelota me concentré en su amor al juego y en los niños de la comunidad Villa Esperanza, un sector que sí existe, aquí en Salinas. Es una zona residencial de escasos recursos y en un momento dado estuvo amenazada con la expropiación si el proyecto del ‘gasoducto’ se llevaba a cabo,” explicó Baerga Aguirre.

Entusiasmado con su idea, Chema la compartió con varios amigos, estos con otros y se formó el grupo de trabajo que creó a Los Delfines del Parking, un filme de Producciones Serrucho gestado en Salinas para el verano del 2013.

La trama de la película se desarrolla en la comunidad La Esperanza, un barrio amenazado por la expropiación de unos desarrolladores que insisten en construir un parque de pelota de grandes ligas para traer equipos profesionales. A consecuencia, la comunidad quedaría aislada y los niños tendrían que buscar otro lugar donde jugar.

“La película nos cuenta cómo unos niños se apropian del objetivo de evitarlo (la expropiación). Claramente no sabían cómo, pero recordando el presagio de que en la unidad está la fuerza, hilvanaron su compromiso con grandes ideas y trabajaron hacia esa dirección con la ayuda de toda una comunidad”, relató Vanessa Ayala Cruz, coproductora del esfuerzo comunitario.

En medio de la lucha por mantener lo que consideran suyo, los personajes Jay, Adrián, Chistrí, Pito y Linda forman su propio equipo de pelota llamado “Los Delfines” que, de cierta manera, aúpa y representa los valores que necesita la comunidad para hacerle frente a la situación.

Los Delfines del Parking agrupó a un colectivo multi generacional de personas por casi tres años en un mismo lugar. Cada miércoles trabajaban en armonía, compartiendo ideas, definiendo tareas, sonidos, escenas e imágenes de color que cada tres semanas grababan hasta ofrecerle un cuerpo formal a su proyecto. En total se grabaron 55 escenas en varias localidades del municipio.

“Éramos adultos, niños, adolescentes reunidos con una sola idea, hacer nuestro proyecto una realidad. Los papás que llegaron terminaron siendo parte del elenco o de la producción. Todos, las casi 40 personas que estuvimos en el día a día del proyecto, realizamos diversas tareas. La voluntad que nos unió tiene forma y nos confirma que un Puerto Rico diferente es posible porque lo hemos logrado”, esbozó Ayala Cruz, también trabajadora social profesional.

Con la colaboración de la empresa Goya, Producciones Cabeza y Zoom Ideal se tiraron al terreno de juego con una producción de cine. Aunque el presupuesto económico fue escaso, el renglón de la buena voluntad se desbordó.

Siempre hubo buena vibra, dijeron. De vez en cuando se adentraban las manos a sus bolsillos y reunían monedas para pagar los gastos imprevistos.

“Nosotros necesitamos de más ayuda económica o colaboraciones para finiquitar el proyecto con una edición de sonidos, entre otros detallitos, de manera más profesional. Hacerla más fina y tener un mejor mercadeo, por ejemplo, porque sabemos que es un proyecto muy bueno. Para eso necesitamos que más personas nos ayuden y muy pronto la podamos exhibir en nuestras comunidades y en todos los escenarios que ya la están esperando”, explicó José “Tito” Figueroa Pesquera, ayudante de Producción y de lo que hiciera falta.

“Esta película narra dos historias, la que cuenta el libreto y la experiencia que vivimos los que la trabajamos”, sumó.

Todos los que pusieron su granito de arena lo hicieron de manera voluntaria. Con la excepción de uno o dos de sus actores y técnicos, los demás se inauguraron en sus roles en esta producción.

“Yo no sabía que era actor, todavía ni me lo creo”, comentó entre risas Daniel Martínez, padre.

“No había más nadie y yo hice uno de los personajes. Me gustó mucho el reto”, interpuso Luis Siacca, interprete de Charango, el adulto sabio que ayuda a los niños en sus planes.

Jimluis Baerga Soto y Sherlyann Albino González, dos de los chicos cuyos personajes encabezan el elenco de la producción, planifican estudiar Teatro y Cine cuando se gradúen de la escuela superior. Entretanto, Reinaldo Márquez Rodríguez quisiera que fuera su “hobby” porque anhela convertirse en arquitecto. Por su parte, Ricky Malavé Díaz disfruta el día a día del proyecto como si fuera su mayor tesoro.

“Con lo que aprendí en la película logré hacer una producción en mi escuela, grabamos el capítulo 4 del libro Lazarrillo de Tormes. Me sentía como un director de cine de verdad”, contó entre risas Reinaldo, el alias Christi de la producción.

La película de autogestión comunitaria tiene la intención de provocar la reflexión y la acción de parte de los espectadores. Su plan de mercadeo actual incluye diversas salas de cine y comunidades dentro y fuera de Puerto Rico.

“La experiencia creativa nos lleva a la reflexión sobre la realidad que se viven en muchas comunidades hoy día. Esta película propone que la gente asuma la acción solidaria para lograr propósitos y enfrentar las circunstancias de la vida”, manifestó Damaris Martínez Quijano, ayudante de Producción y Dirección.

La película cuenta con las actuaciones principales de Sherlyann Albino González (Linda), Jimluis Baerga Soto (Delfín), Ricky M. Malavé Díaz (Jay Adrián), Reinaldo L. Márquez Rodríguez (Chistrí) y Luis M. Siaca Morales (Pito).

“Nosotros proponemos la acción colectiva, solidaria y creativa como vehículo de transformación social”, remató Chema.