Francisco M. Susoni: una historia de entrega y dignidad

A juicio del autor, Susoni es “un personaje de nuestra historia que puede servir de faro para aquellos que en estos momentos de incertidumbre buscan en sus conciencias la respuesta individual a las crecientes interrogantes colectivas del país”.

Foto suministrada

Como bien señala el autor de esta biografía política y humana, sorprendería a muchos que una persona que fue presidente de la Cámara y primer vicepresidente del Partido Popular Democrático (PPD) rompa con sus filas para casi seguidamente aparecer como candidato a gobernador del Partido Independentista Puertorriqueño.

Así ocurrió en el 1948, según Néstor R. Duprey Salgado en la segunda edición de su libro El espejo de la ruptura: Vida política del Doctor Francisco M. Susoni.

- Publicidad -

Su persona da nombre al Hospital Metropolitano Susoni en Arecibo (primera clínica privada establecida en nuestro país, 1911), pero pocos conocen la historia de entrega al servicio y el estricto sentido de dignidad y ética de este médico arecibeño: Francisco María Susoni Abréu (1876-1953).

La “memoria rota”, que históricamente arrastramos, conllevó que se colocara el retrato de su hijo -y no el del propio Susoni- en la galería de presidentes de la Cámara en el Capitolio y el que tuviera que cargar con la tara histórica de que se crea que fue expulsado del PPD, cuando ello no fue así.

No ha de olvidarse tampoco que Susoni fue pilar defensor de la enseñanza en español en nuestras escuelas públicas, ya que consideraba el enseñar en otro idioma como un acto “anticientífico, antipedagógico y anticristiano”.

Con el propósito de enmendar huecos en nuestra memoria de pueblo, es que se ha escrito esta extraordinaria biografía, pletórica de cartas, discursos, entrevistas y fotografías.

Afirma el doctor Duprey Salgado que Francisco Susoni es “un personaje de nuestra historia que puede servir de faro para aquellos que en estos momentos de incertidumbre buscan en sus conciencias la respuesta individual a las crecientes interrogantes colectivas del país”.

Y cierra el libro recapitulando cómo las renuncias a importantes puestos por parte del doctor Susoni respondieron a la más profunda fidelidad a sus convicciones, a lo que añade: “Él tomó su decisión. Cada puertorriqueño debe tomar la suya”.