Edward, padre y barbero yaucano al frente del hogar

Conoce la historia de este residente del barrio Jácanas que desde hace seis meses y medio está a cargo de sus tres hijos, quienes fueron maltratados por su madre.

Edward muestra fotografías de su prole en su área de trabajo, en la parte posterior de su casa en Jácanas. Foto Coral Negrón

YAUCO – Los gritos de ayuda marcaron un cambio tajante en su rutina de vida.

Edward Almodóvar Santiago sabía que su ex pareja era capaz de agredirlo a él, tanto físicamente como emocionalmente, pero no creyó que se atrevería a lastimar a los gemelos de 11 años de edad fruto de su relación. Desafortunadamente, acepta el padre de 47 años, se equivocó.

- Publicidad -

Han pasado seis meses y medio del suceso que lo “sorprendió”, admite cabizbajo, con manos temblorosas. Pero la decisión que tomó esa noche tras ver los rostros de sus pequeños, era irrevocable, afirma.

“Al día siguiente la denuncié”, susurra, “no podía hacer otra cosa. Ella me dijo ‘no los quiero aquí, llévatelos’”, añade con la mirada clavada en el suelo.

Está sentado en la habitación principal de su casa en Las Parcelas del barrio Jácanas de Yauco, mientras comparte la vivencia. De momentos, intentando recrear dulces y amargas memorias, señala las paredes, puertas y ventanas que vieron crecer a sus cuatro hijos: los gemelos, una joven de 16 años y otra de 23.

Cuenta que la residencia es de su propiedad, mas que por problemas con su ex pareja, en el año 2014 decidió mudarse al segundo piso de la estructura, con su madre e hija adolescente. Los mellizos permanecieron junto a su progenitora en la plata baja. Sin embargo, la comunicación por el bienestar de los menores nunca se logró lo que desembocó en tragedia.

En meses posteriores, recordó, la mujer inició una relación sentimental con un confinado. Casi a diario amenazaba a Edward con abrirle un caso en la Administración para el Sustento de Menores, a lo que, alega el hombre, no tenía objeción alguna.

“La meta era que ella consiguiera un hogar seguro e iniciara una vida nueva. Ella me dijo que ‘sí, que estaba bien, que lo iba a hacer’”, relató.

No obstante, las palabras de la fémina no se tradujeron en acciones, según Edward. Al contrario, cada centavo era ahorrado y enviado a la institución penitenciaria, según documentos utilizados como evidencia tras la denuncia de maltrato.

El pasado mes de mayo, finalmente, la mujer salió culpable de maltratar a los menores y Edward obtuvo plena custodia. Según él, incontables vivencias lo prepararon para lo que hoy vive por lo que abrazó el rol de padre soltero sin temor, de la misma manera que su madre lo crió sin una figura paterna.

Todos los días, narra, se levanta entre cinco y seis de la mañana para llevar a sus tres hijos a la escuela. Mas ahora en tiempo de verano, solo lleva a la adolescente, quien repite el curso de inglés por fracaso.

Edward dice que los menores han pasado por tanto, que actualmente se dedica a apoyarlos y a recordarles que él está para lo que necesiten. Ser padre a tiempo completo, a la vez que maneja su propia barbería en la parte posterior de su casa, es complicado, considera. Mas al presente, su único temor es envejecer y provocar tristeza en su prole.

“Aunque no tengas las custodia, o la tengas, tienes que ser un padre 24 horas, los siete días de la semana; aunque no te lleves con la otra parte tienes que llegar a un entendimiento con ella para que en algún momento se le dé una segunda oportunidad, sin importar lo que haya pasado”, manifiesta ya con voz diáfana, con seguridad.

Mientras platica está al pendiente de la olla de fricasé que prepara en celebración de su cuadragésimo séptimo cumpleaños. Comparte que su pasión es la música ‘ochentosa’ y la crianza de gallos, pero que lo que lo ha hecho más feliz este año es el retorno de su hija mayor, Edmarys, a su vida.

“Yo creí que la había perdido. Llegó a mi vida de nuevo y con una nieta. Ya es enfermera y tiene su trabajo. Eso es algo que es más grande que todo. Estoy lleno de emoción. Yo voy a seguir hacia delante por los cinco: mis cuatro hijos y mi nieta”, expresa.

-¿Qué es lo más que han disfrutado juntos?, inquiere La Perla del Sur.

“La última vez que fuimos al Balneario Caña Gorda. Hacía treinta años que no iba”, manifiesta con alegría.

Las salidas de esta familia monoparental se reducen al cine, la playa y el centro comercial. Los niños nunca han salido de la Isla ni siquiera en bote, pues el salario de su padre depende de la clientela de la barbería y del sustento alimentario del Departamento de la Familia. Sin embargo, Edward posee un grado asociado en programación de computadoras.

Su mayor sueño, reveló, es que su descendencia continúe estudiando, que valoren los esfuerzos de su padre. “El trabajo de ellos es estudiar”, repite.

Como pilares para continuar su labor paternal, sostiene Edward, le sirven de ejemplo sus abuelos paterno y materno, Eduvijes Santiago y Herminio Almodóvar García, respectivamente. De ellos, comparte, aprendió a mantener la sonrisa en medio de la tempestad y a ser cauteloso con los gastos en el hogar.

Hasta ahora, enunció, la fecha de la próxima vista del caso para posible restauración de relaciones materno filiales es para el mes de agosto. Para ese entonces desea que la madre de los menores haya completado un programa de rehabilitación y pueda reincorporarse en sus vidas. No obstante, reconoce que será un proceso penoso.

“Comenzando el nuevo año ellos me pidieron que arreglara la casa porque no querían recordarse de la mamá”, suelta acongojado.

Minutos después aparece una de los mellizos a reanimarle. Le muestra el bizcocho que las hijas han comprado para celebrarle otro año de vida. Los “felicidades papi, te quiero”, resuenan.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.