Para desamparados de Chicago, la Navidad es refugiarse del frío bajo puentes

Foto: EFE
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Desamparados de Chicago (Illinois) mantendrán su cobijo debajo de puentes de la ciudad en esta época festiva y de carácter familiar, pero a la vez de temperaturas extremadamente frías.

En varios de los viaductos se cobijan decenas de personas sin hogar, víctimas de diversas circunstancias personales o sociales y que “pasan el momento” entre mantas o, en el mejor de los casos, dentro de tiendas de campaña, a la espera de que su suerte cambie.

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Uno de ellos es Carlos Gloria, de 32 años, cuyo domicilio hoy por hoy se halla debajo del puente en el cruce de la avenida Lawrence y Lake Shore Drive, al lado del Lago Michigan y en donde por estos días el termómetro ha marcado 15 grados Fahrenheit.

Un inmigrante mexicano que arribó a EE.UU. proveniente del Distrito Federal de ese país, Gloria lleva tres meses viviendo debajo de este puente tras ser expulsado de la vivienda que compartía con un amigo.

Según relata, la dueña de la vivienda los echó a ambos cuando descubrió que su amigo consumía drogas. Ahora, sus esperanzas están cifradas en un trabajo de medio tiempo que tiene en un restaurante y que espera se extienda a tiempo completo, tal como se lo han prometido, afirma.

“Para mediados de enero buscaré donde vivir”, asevera este desamparado alto y de tez morena, en medio del sonido de los autos que circulan encima de él y convencido de la temporalidad de su situación actual.

Por lo pronto, la Nochebuena la pasará donde una tía en Chicago, a la que no visita hace como tres años, reconoce.

Diferente suerte tendrá esa fecha Rubén Gómez Cardona Jr., de 36 años y quien tres semanas atrás se sumó a esta “ciudad de casas de campaña” instalada debajo del puente de la avenida Lawrence y en donde tiene previsto pasar la Navidad.

“Aquí voy a pasar la Navidad, no voy a visitar al resto de mi familia, ellos traen los problemas de ellos y ellos tienen su propia familia”, explica, con voz ronca.

El desamparado pasa sus días en la calle, junto a su esposa Elena, como corolario de un periodo de “meses de incertidumbre y dolor” que se inició con la pérdida de su madre, situación que lo llevó a una depresión profunda y, a la larga, le significó perder la casa que heredó de su progenitora.

En estas fiestas, Gómez Cardona no tiene otro plan que refugiarse debajo de este tranquilo viaducto, en donde nadie se mete con ellos y la Policía local solo se limita a patrullar la zona, según señala.

Otro campamento semejante de tiendas, mantas y cartones se puede observar debajo de otro puente de la ciudad, sobre la avenida Wilson, en donde pernoctan una treintena de personas.

Hasta aquí llegó la semana pasada, cuando las temperaturas descendieron por debajo de los cero grados Fahrenheit, un conductor de la Autoridad de Transito de la Ciudad (CTA) y al mismo tiempo reverendo religioso, que les trajo calentadores portátiles para combatir el frío.

Carey Gidron, el chófer, junto a otras personas, han continuado acercándose hasta este lugar para repartir cobijas, ropa y comida entre los desamparados que se han instalado aquí,

La Coalición de Chicago para los Desamparados estima que hay unas 125,000 personas en esta condición en la ciudad, algunos pasando temporadas con parientes, otros buscando refugio en los pocos albergues que maneja el Gobierno local y el resto viviendo en las calles como mejor pueden.

La organización defiende que la población de personas sin hogar no consiste en drogadictos y criminales, sino en seres humanos que a veces caen a través de las “grietas de la economía”.

Como Kiya Clayborn, de 23 años, una mujer afroamericana con seis semanas de embarazo y que tras perder su vivienda desde junio duerme debajo del puente de la avenida Wilson, según relata.

“Es más que probable que pase aquí la Navidad, pues no tengo a donde ir. Trataré de mantenerme abrigada para no pasar frío”, reveló.