Ante nueva etapa José Esteban: el joven agricultor

Entre sus proyectos, el célebre “niño agricultor” sigue añorando distribuir café a nivel nacional e internacional y ser pionero en el uso de robots para recoger la semilla del cafeto. (Fotos: Florentino Velázquez)

Su padre, Carmelo López Maldonado, lo distingue como “un adulto en cuerpo de niño”. La madre, Aida Maldonado Rivera, no puede contener los suspiros al escucharlo hablar.

“Lo dejamos ser”, afirma papá, “y este es el resultado”.

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Ambos hablan del unigénito producto de su relación: José Esteban López Maldonado, un joven adjunteño de 13 años de edad que, desde que acumula recuerdos, se ve palpando, observando y olfateando la tierra.

Su infancia es bien descrita por el compositor cubano Silvio Rodríguez: “tierra bajo las uñas, manos sin pena tocando mundo, cuando yo era un enano era profundo”.

Sin embargo, esa fascinación por explorar no se ha ido de José Esteban ni en la adolescencia. No pasa un día sin que trabaje el campo para sentirse pleno y productivo. “Veo la agricultura no solamente como algo físico y mental, sino espiritual”, considera, y al decirlo no parpadea.

Es por ello que cada día, al salir de la Escuela Intermedia Segunda Unidad Héctor Luis Rivera en Adjuntas se dirige a trabajar en su Hacienda Lírica, las 25 cuerdas de terreno que su padre “caficultor” le regaló hace cinco años.

De ese momento para acá, la tenacidad de José Esteban ha cimentado el camino para que pasara de ser un amante del cultivo, al agricultor más joven de Puerto Rico, certificado por la Cámara de Comercio del Sur del país.

Lo debe “todo” a vivir una crianza afectiva y efectiva”, sostiene. “Mis padres me llevaban a la finca cuando era pequeño y me ponían una manta en el suelo, debajo de los árboles de café. Sé que eso me gustó y, al crecer, seguí recogiendo granos de café”, rememora.

Tal fue la fascinación que al presente cosecha los productos que vende en diversos mercados agrícolas alrededor de la isla, junto a plátanos, chinas, guineos y decenas de especias que produce en la actualidad.

Además, intenta plantar cacao porque le “preocupa el arbolito que ya se extingue en el mundo entero”.

Para cerciorarse que está realizando el trabajo de forma idónea y sustentable, continúa visitando la Estación Experimental Agrícola de Adjuntas, donde Wilmer González lo instruye.

José Esteban cataloga la práctica combinada con la experiencia como esencial para sembrar, pero también abraza la teoría y rigurosidad de la investigación científica. “Estoy entrando a otra etapa”, comparte, “me gusta empezar cosas nuevas e inspirar a otros jóvenes a creer que Puerto Rico puede mejorar”.

Cierto es que aquel niño que en el 2014 contó a La Perla del Sur sobre sus roles de cuatrista, declamador, delineante, rescatista de animales, líder comunitario, empresario y compositor persiste, dedicándose de lleno a buscarle viabilidad a sus innovadores proyectos.

Prosigue levantándose antes que salga el sol para atender la finca, los animales y los empleados, más sigue añorando distribuir café a nivel nacional e internacional; fundar una coalición de niños agricultores; restructurar un plantel abandonado en el barrio Limaní y convertirlo en la primera escuela de niños agricultores; y ser pionero en el uso de robots para recoger la semilla del cafeto.

El primero de estos sueños ya es casi una realidad. Incluso, ha podido distribuir el Café Caturra cosechado de manera orgánica. Sin embargo, por una cuestión de permisos no ha podido hacerse de las estructuras imprescindibles para producir y distribuir café a mayor escala, ya que necesita un almacén donde pueda procesar el café que se recoge en la finca.

“Seguiré luchando por mi centro que es crear Café Hacienda Lírica”, remacha con optimismo.

Asimismo, José Esteban toma clases de robótica para cumplir su otra meta. Esta nace del afán por ayudar a su padre tras una operación en la espalda que le ha inhabilitado el trabajo en el campo.

“Me estoy tornando tecnológico”, enuncia y sonríe. Cuenta que es un “amigo” el que le enseña a “programar en andino”, una destreza a la que espera sacarle provecho en un futuro cercano, cuando ingrese a la universidad a obtener un grado dual en arquitectura y agricultura.

José Esteban aclara que ya quedaron atrás los legos para diseñar plantaciones y estructuras. Actualmente se inclina por hacer maquetas tridimensionales, es decir, se acopla a la era digital.

“Quiero ir a la universidad con todo el conocimiento”, enfatiza recalcando que los cursos en microbiología, astrobiología e idiomas (francés e inglés) que tomó en el Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico, como parte del Proyecto Niños Superdotados, le han servido para adelantar su educación y estar al tope de su clase.

En cuanto a la coalición de niños agricultores, una aspiración que nació hace más de cuatro años, señaló que por “falta de organización y punto de encuentro no ha sido posible”.

Por otro lado, la fundación de la escuela tampoco se ha concretado porque el Departamento de Educación de Puerto Rico “no ha firmado unos papeles que faltan para ceder el plantel”. No obstante, José Esteban no se rinde.

Allí, en “la escuela de sus sueños”, se vislumbra orientando, motivando, aconsejando, sembrando y ayudando a personas de escasos recursos.

“No se le escapa un detalle sobre ese proyecto”, agrega su padre, quien explicó que su hijo quisiera que se incluya una hospedería para que las personas que deseen pernoctar puedan hacerlo.

Don Carmelo reconoce que el presidente de Puerto Rico Farm Credit le ha brindado apoyo a José Esteban, pero desea que se haga más para que “finalmente” la Legislatura pueda ceder el terreno con el propósito de rehabilitarlo y convertirlo en un espacio de enseñanza agrícola, al alcance de todos.

“Las clases deben ser totalmente gratuitas”, reitera el joven, quien de paso reveló que la intervención médica a su padre de 70 años también lo encaminó en el estudio de las plantas medicinales.

Durante el pasado verano, cuando tuvo “un poco más de tiempo libre”, preparó una serie de ungüentos para aliviar el dolor muscular hechos con limoncillo, sábila, hierba buena y alcoholado, entre otros componentes.

Estas recetas las comparte en su red social de Facebook, porque aspira a que otros imiten los procesos. De igual forma, José Esteban publica recetas de cocina derivadas de sus cosechas autóctonas.

Él conoce acerca de los cultivos hidropónicos y los ha hecho, mas dice que en los pueblos que frecuenta “la gente prefiere el cultivo de tierra”.

“Siempre son buenas las opciones y que las personas puedan escoger. Eso solo demuestra que aquí hay mucho que se puede hacer”, manifiesta.

“Podemos crear nuestras industrias, diversas opciones de trabajo para echar a Puerto Rico hacia adelante… al igual que una semilla germina, Puerto Rico lo puede hacer”, concluye.

El próximo paso para este emprendedor es iniciar la búsqueda de universidades locales y extranjeras. Con tanto aprendizaje, augura, podrá comenzar sus estudios universitarios pronto.