Entre amores, gatos y la quimio de Larry

Un matrimonio hace lo posible por mantener la calidad de vida de su gato Larry, diagnosticado con cáncer. ¡El felino muestra mejoría!

Suministrada

PONCE – La vida de John Shultz tomó un giro interesante en noviembre pasado, cuando cayó en sus manos una inmesurable responsabilidad, que más allá de cubrir de pelos y “ronroneos” su cama, pone en evidencia el amor incondicional en su matrimonio.

“Estaba en mi trabajo cuando vi este gatito, acompañado de su hermanita. Ambos eran completamente blancos y me los llevé conmigo a casa”, comenzó narrando John, un agente de la Guardia Costanera radicado en Ponce, quien nunca imaginó que las nuevas mascotas, Larry y Dutchess, respectivamente, pusieran a prueba la calma de su cotidiano vivir.

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Hace un mes que su esposa Michele lo dejó en Puerto Rico, para irse a vivir en una casa rodante a las afueras del Animal Cancer Care Clinic, una clínica veterinaria localizada en Fort Lauderdale, Florida. La razón: el gato Larry fue diagnosticado con cáncer y Michele juró hacer lo posible por mejorar su calidad de vida.

Larry está recibiendo quimioterapia para combatir un cáncer, del que todavía los expertos no logran descifrar su naturaleza.

“Amo a Larry y ser su guardiana es una enorme responsabilidad”, asintió Michele via mensaje de texto para La Perla del Sur. “Me siento bendecida de tener los medios (económicos) para darle esta calidad de atenciones”, añadió.

Al día de hoy, entre exámenes veterinarios, medicamentos, operaciones, viajes y tratamientos, John estima haber pagado algunos $10,000 “para garantizar la calidad de vida de ella y del gato”, explicó, consciente de que todo lo que pueda hacer por Larry hará feliz a su amada.

Y es que, una vez Larry llegó a los pies de Michele, “hubo una conexión inexplicable”, afirmó John con evidente compasión en sus palabras. “Ellos tuvieron una relación instantánea. Esa conexión se palpa, está presente entre ambos siempre”, apuntó.

“Ella está feliz ahora, tomando en cuenta que podemos costear el tratamiento. Cuando uno es joven, no puede hacer estas cosas, porque no hay el dinero. Estoy seguro que muchas personas quisieran poder hacer esto (de costear un tratamiento para tratar de salvar un gato) pero es fuerte, no todos pueden con la carga económica”, reconoció el funcionario federal.

Mientras Michele pasa su estadía en los predios de la clínica donde Larry recibe su quimioterapia, desde la Avenida Las Américas en Ponce, John consulta con el veterinario Juan Baez Segarra en Ponce, si conviene o no traer a Larry de vuelta a casa y si estaría disponible el tratamiento de quimio via oral para continuarlo acá.

Aunque Michele sabe que es una enfermedad terminal, John entiende que ella “está feliz si el gato está feliz. Su espíritu está feliz y todo está bien”, afirma. “Sabemos que se va a morir, que no hay una medicina milagrosa. Todo se trata de tenerlo con nosotros el más tiempo posible y darle calidad de vida”, acotó.

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Amores gatos

John recuerda que, curiosamente, Larry llegó a sus manos cuando precisamente Michele se recobraba de la muerte de otro gato que expiró “sus nueve vidas” en fechas cercanas a un día de San Valentín.

La pesadilla del cáncer comenzó después que en enero pasado, Michele y John se volvieran a Puerto Rico de un viaje de vacaciones. Ciertamente, habían dejado a sus gatos al cuidado de una persona de confianza. Pero ya de regreso, notaron que Larry perdía el apetito, por lo que lo pusieron en observación y al confirmar que no mejoraba su hábito de alimentación, decidieron llevarlo al veterinario Baez Segarra, donde preliminarmente pensaron que tenía una obstrucción estomacal.

“Pensábamos que había comido alguna hierba y que tenía una obstrucción, cuando le hicimos la prueba con rayos X. Pero cuando (el veterniario) abrió (para hacer un examen exploratorio) resultó ser un tumor”, explicó.

“Aquí en Puerto Rico eso era inoperable”, afirmó el veterinario Báez Segarra.

Entonces optaron por buscar un perito en la materia y llegaron hasta la clínica en Fort Lauderdale, donde los médicos, “encontraron que no era un tumor, sino tres que habían crecido. Así es que extirparon dos, pero el tercero no pudieron sacarlo porque estaba adherido a una arteria pulmonar. Si lo sacaban el gato moriría de un derrame”, explicó.

Una de las masas -parecidas a la flor de un coliflor- estaba adherida a la arteria carótida en la región cervical; otra en el bazo y una tercera en el mesenterio que conecta con los intestinos. En un principio, los oncólogos diagnosticaron que se trataba de un neuroblastoma -un tipo de cáncer que se forma en el tejido nervioso- con el que había nacido. Empero, un segundo laboratorio concluyó que Larry tiene otro tipo de carcinoma, del que no han dado mayor diagnóstico, según explicó John.

Larry lleva recibiendo quimioterapia hace poco más de un mes.

Esta semana, cuando Michele llevó a Larry a su cita con el veterinario, le dijeron que su cuadro sanguíneo presentaba mejoras y que el tumor había reducido en tamaño. Empero, John y Michele decidieron esperar un mes más, para evitarle al gato el estrés del viaje durante su recuperación. En el ínterin, Michele consulta con a un médico experto en homeopatía, para alimentar a Larry con hierbas sanadoras.

“Su miedo es que su sistema inmunológico esté tan débil, que no resista (el viaje). He estado casado con ella demasiado tiempo como para saber que esta es una decisión de ella”, dijo John, sumando 28 años de probado matrimonio, del que procrearon un hijo de 25 y quien vive en California, siguiendo los pasos de John como Guardia Costero.

Mientras, otro “suertudo” gato la espera en casa. Resulta que en medio de la tragedia de Larry, John encontró otro gatito moribundo, dentro del área del motor de un vehículo del trabajo. Pensó que estaba muerto y procedió a cavar un hoyo, cuando al colocarlo dentro de una caja para enterrarlo, el gatito se movió.

“Lo limpié y me lo traje a casa. Se recuperó y lo llevé al veterinario, donde el doctor Báez lo nombró “Lucky” (suertudo). Ahora está enérgico, corriendo de un lado a otro por la casa, esperando por Michele”, concluyó Jonh con cierta incertidumbre, porque reconoce que ningún gato es igual a otro.