Alivio inesperado para los olvidados de la montaña

Los esposos Reinaldo Pérez y María Batista celebraron el pasado fin de semana su crucial paso hacia la insurrección energética.

Foto Omar Alfonso

Fue un suplicio de 157 días. Cinco meses en los que María Batista Batista salía de su trabajo en la fábrica de uniformes militares Pentaq de Adjuntas para enfilar a otra jornada aún más intensa y agotadora, en su casa del barrio Vegas. A oscuras. Sin electricidad.

Como esposa, madre y abuela del campo debía repetir el mismo calvario para conseguirle alimentos a la familia, el hielo para conservarlos y hasta ingeniar soluciones Salomónicas cuando su estufa exhalaba el último centímetro cúbico de gas, sin haber terminado de preparar la cena.

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Y aunque lo deseó muchas veces, su fortuna no cambió, incluso en Navidad.

Lo más que pudo lograr fue reunir el dinero para junto a su esposo Reinaldo Pérez Vázquez comprar el primer generador eléctrico del hogar: un equipo que después de tres reparaciones ha tenido que ser sustituido.

Por fortuna, el vendaval de martirios que le dejó el huracán María amainó justo el pasado viernes, 23 de febrero, cuando un inesperado presente tocó a la puerta de este núcleo luchador: una nevera solar.

Como explicó Arturo Massol Deyá, se trata de la primera de 54 unidades que la organización comunitaria Casa Pueblo distribuirá en la montaña, entre familias que dedican gran parte de sus estrechos recursos económicos al uso de generadores.

El ambicioso proyecto se materializa tras semanas de planificación y una inyección de $100 mil aportados por patrocinadores y ciudadanos, tanto de la isla como el extranjero.

“Con el colapso de la electricidad, la gente recurre a estos generadores para prender su nevera y reclama que lo demás viene por añadidura, que su prioridad es mantener los alimentos y poderlos refrigerar junto a las medicinas”, explicó el director asociado de Casa Pueblo.

“Así que, en la búsqueda de soluciones permanentes, logramos reunir el dinero, el equipo y los profesionales para darle un alivio a estas familias, para canalizar ayuda que le llegue a la gente y para resolver asuntos que no son solamente inmediatos, sino más a largo plazo”, continuó.

Cada una de las neveras es de tamaño estándar con capacidad de 10 pies cúbicos, pero de alta eficiencia energética, razón por la cual únicamente requieren de un panel solar, un transformador eléctrico y una batería para refrigerar y congelar alimentos.

Su tecnología de última generación, además, le permite crear una reserva eléctrica para operar durante dos días, sin radiación solar.

“En otras palabras, estamos pensando en un modelo de autosuficiencia energética, de generación en el punto de consumo para atender las diferentes necesidades de las familias y de los negocios, del comercio y de la gente”, puntualizó Massol Deyá.

“Estamos construyendo un modelo que cambia el paisaje energético de Adjuntas, de abajo hacia arriba, sin esperar que de arriba nos impongan qué van a hacer, si privatizan o hagan lo que hagan con la Autoridad”, agregó.

Más radiantes que el sol

“Estoy que me río solo”, confesó de entrada don Reinaldo cuando el pasado domingo La Perla del Sur llegó hasta su vivienda, situada en la cresta de una montaña, para observar el funcionamiento del flamante equipo.

Razones tenía de sobra este adjunteño de pura cepa, ya que desde el pasado 3 de enero casi todo el barrio ha recobrado el servicio eléctrico. Casi todos, menos ellos.

“Pasamos cosas que nunca pensé íbamos a pasar”, comentó el patriarca justo antes de emocionarse, comprimir los labios y quedarse sin palabras.

Como explicó María, precisamente el 3 de enero el sentimiento de impotencia y frustración llegó a tal grado que cada uno tuvo que refugiarse en un rincón distinto de la casa, para desangrar a solas el dolor y la decepción.

“No quiero ni hablar de eso. Fue muy doloroso”, confesó.

Casos como estos, aclaró Massol Deyá, son precisamente los que inspiraron el proyecto y dan energía a todos los voluntarios que en él colaboran.

“El nivel de pobreza en la montaña es amplio”, recalcó, “pero tenemos un comité que dirige Silvia Martínez, quien trabajó voluntariamente en la repartición de lámparas solares, que ha ido a las áreas más afectadas del pueblo. Y junto a Maribel Hernández y Rebecca Rodríguez han ido visitando los campos, recibiendo algunas peticiones”.

“Ellos han estado haciendo ese análisis, tomando en consideración necesidades particulares, pero también la presencia de personas de edad avanzada, niños y el número de individuos”.

Gracias a ese censo, aclaró Massol Deyá, durante el próximo mes alrededor de 250 personas se beneficiarán del proyecto, ya que algunas de las 54 neveras se destinarán a núcleos multifamiliares que ocupan un solar, pero residen en viviendas separadas.

“En estos casos, con una nevera podemos beneficiar a todo ese grupo”, detalló. “Y en el caso de personas de edad avanzada, tienden a ser personas que su capacidad económica no les permite hacer este tipo de modernización en su hogar. Todo eso cambiará”.

Esta transformación, enfatizó, es financiada por la Red de Fundaciones de Puerto Rico, “que se estableció para atender el tema de alivio después del huracán e hizo una valiosa aportación, y por JBP Foundation en Nueva York, que decidió también apoyarnos desde un comienzo”.

De igual modo, es posible con cientos de donativos hechos por puertorriqueños “de aquí y la diáspora”.

A esta ecuación se sumaron el ingeniero Rafael Bernabe, un puertorriqueño radicado en California, y la empresa Máximo Solar. Ambos pusieron a disposición de Casa Pueblo los dos modelos de neveras solares que se distribuirán por la sierra adjunteña y representarán una sustantiva economía para las familias agraciadas.

“Ahí es donde el rol social ayuda a materializarlo”, subrayó Massol Deyá, aunque al final la gesta logra algo aún más trascendental.

“Ha sido una bendición”, puntualizó María. “Yo se los agradezco en el alma”.

Precisamente por eso, ya en lo alto del barrio Vegas más de uno comienza a proclamar que, aunque con dos meses de atraso, los Reyes Magos al fin llegaron al hogar de María y Reinaldo.

Las neveras son tan eficientes que pueden crear una reserva para operar durante dos días, sin radiación solar. En la imagen, Maribel Hernández de Casa Pueblo.