¡Nos salvamos ahora!
¿No habrá más ñame con bacalao?
Por Mildred Borgos Rivera
Especial para La Perla del Sur
¿Se han dado cuenta de que últimamente han proliferado los anuncios televisivos en los que se comparan los adelantos tecnológicos que tenemos hoy con las viejeras del pasado?
¿Por qué me miran? ¡Dije viejeras!
Bueno… después de ese exabrupto, les explico.
Ahora resulta que fabricantes de televisores, videojuegos y celulares se jactan (sinónimo de “se las echan”) de lo rápido que han logrado adelantarse a los tiempos hasta convertir al mundo en una especie de “aldea global”.
¡Y no se hable de la computadora: esa es la madre de la era tecnológica!
Pero ¿saben qué? En mi humilde opinión, tanto esos “adelantos” como esa “madre” ha causado un soberano “desmadre”.
¿Acaso no se han puesto a analizar en la clase de sociedad que éramos antes y la que somos ahora?
Por ejemplo, ¿se acuerdan con la confianza con que uno le metía el diente a un cantito de ñame con bacalao (ummmm), servido en un cacharrito de lata color azul con las pintitas blancas, que se parecía al jabón de lavar la ropa en el río?
Pues lamento decirles que ese ñame y sus ricos acompañantes hoy en día pueden ser de embuste.
¿Cómo eeehhh?
Sí, así como leen. Ahora resulta que ese y otros alimentos pueden ser “dizque transgénicos”, lo que en boricua quiere decir que cogen una célula de pollo y la mezclan con una de quenepa virgen y otra de búfalo mojado hasta crear el bacalao jincho que nos venden hoy en los supermercados.
¡Uyyy! ¡Eso sí que asusta hasta a los más “braga’os!
¿Y qué creen que han hecho la televisión y los videojuegos con nuestros niños?
¿Hello? Engordarlos como a pavos para Acción de Gracias y lechoncitas de Guavate, pues los nenes se quedan perplejos frente a la consola del juego para ejercitar sólo dos músculos: el de la pupila y el de los deditos pulgares, los que prácticamente atornillan al control.
Por eso es que ahora, cuando uno va al parque, observa cómo algunos padres pasan las de Caín tratando de encaramar a su “saquito de chichos” en la chorrera… y que conste: adoro a los niños tal y como son.
Sí, sí, ya los oigo decir: ¿y cómo es que a esta loca le ha dado con ponerse a jeringarnos con este tema, máxime cuando con el alza de los precios no podemos comer ni de verdad ni de embuste?
Pues, les contesto: lo hago para que no anden por ahí como “jueyes bizcos” dejándose deslumbrar por el menta’o “tecnoavance”.
Con tanto cable y aparatos reguinda’os en las orejas parecen estar más alambra’os que un corral de gallinas, perdiéndose de las cosas simples de la vida, como una amena conversación o un bochinche de coquíes.
Pero todavía me falta advertirles de algo más alarmante que nos traerá el futuro: el infarto del amor. Ya eso será la semana entrante.
Chao… ¿Podrán dormir? |