Con estos precios… ¿quién podrá defendernos?
Por Mildred Borgos Rivera
Especial para La Perla del Sur
¿Volveremos a la era de las sopas Campbell’s?
¡Ufff! Con lo caras que están, lo dudo.
Entonces, ¿qué haremos para no morir de hambre y echarle algo a la tripa?
Bueno, para empezar, léase las primeras planas de los periódicos y verá que la solución está en los fiambres.
¿Que qué?
Sí, en la combif y la jamonilla, que aunque son famosas en las épocas de huracanes (y en los hospedajes de mis días en la Upi), ahora resulta que se van a convertir en el plato típico de la “jartera” puertorriqueña.
¿Y qué con las salchichas? No, ni pa’llá voy a mirar, porque aparte de que se me suben y se me bajan (me dan hervederas, so mal pensados) están más caras que el filete miñón… y eso es mucho decir.
¡Imagínense! Antes por un par de pesos podíamos echar en el shooping car hasta seis latitas de salchichas, un salchichón y una pata de jamón, pero ahora eso no nos da ni para una libra de huesos para caldo.
¿Y qué de volver al menú con el que se criaron nuestros abuelos?
¡No sean ilusos! Dense una vueltecida -como hice yo esta mañana- a la Plaza del Mercado y, como quien no quiere la cosa, pregunte a cómo está la libra de ñames blancos, la yautía lila, la malanga morá y de los guineos verdes.
¡De esos mismos colores se le pondrá la cara cuando escuche los precios!
¿Y qué rayos nos queda por hacer?
En primer lugar, y perdonen que me meta, no votar por el que se cambia de trajes cada seis meses como si realmente fuera el que descubrió (¿o invadió?) América (¡Boa!)
Luego apuntarnos en un concurso de belleza para que nos den un chequecito en la Legislatura para ir a representar a Ponce, aunque sea a la Isla de Mona.
Más adelante comprar un lote de latas de combif y venderlas debajo de los semáforos.
También podemos comenzar a utilizar masivamente los cupones de descuentos de los shoppers, pero no de los que dicen que el reembolso te llegará por correo (sí, Pepe), sino de los que te dan el descuento en la caja.
Sin embargo, mis queridos lectores, la mejor alternativa para el ahorro y la futura sobrevivencia está a la vuelta de la esquina o en el portón de al lado.
Me refiero a los buenos vecinos: esos que se unen solidariamente en tiempos de crisis, que cuando se va la luz nos prestan sus linternas, que comparten el fogón y la olla (con el pollo o la chuleta incluida), que sus carros son taxis y ambulancias cuando surgen las emergencias y que se quedan con nuestros “angelitos” si no tenemos los chavos para pagar un campamento de verano.
Es más, les aseguro que encontrar a uno de estos vecinos es más fácil que un baratillo en las tiendas.
Así que no nos queda de otra: comer más combif o… ¡mudarnos de vecindario! |