Él es Juan el titiritero
Cautiva el corazón de los peñolanos

A Juan le brillan los ojos cuando muestra su identificación como periodista y fotógrafo, credenciales que le otorgó la Oficina de Arte, Cultura y Turismo de Peñuelas.
Por Carmen Cila Rodríguez
De La Perla del Sur
Acude frecuentemente a las oficinas del gobierno municipal peñolano, todos sus compueblanos lo saludan con respeto y su más grande satisfacción es trabajar por los niños.
Aunque podría tratarse del Alcalde de Peñuelas, un funcionario municipal o algún líder religioso, esta vez no lo es.
Es la historia de Juan Torres Rosa, un joven con retraso mental y severos problemas del habla que desde hace tres años se presenta con nueve títeres y un pequeño radio en los más concurridos comercios y parajes del Valle de los Flamboyanes.
Y es que a pesar de sus limitaciones, Juan es capaz de tocar la fibra de cualquier corazón sólo con su inocencia, carisma, cortesía y, sobre todo, con las firmes metas personales que no duda en pregonar a todos los que saluda.
Periodista y fotógrafo

Burlando todos los pronósticos médicos, el peñolano Juan Torres Rosa desarrolla de forma excepcional sus más innatos talentos y mira al horizonte con metas claramente definidas.
A Juan le brillan los ojos cuando muestra su identificación como periodista y fotógrafo, credenciales que le otorgó el director de la Oficina de Arte, Cultura y Turismo del Gobierno Municipal de Peñuelas, Wilmer Colón Echevarría.
El funcionario además le confeccionó un portal teatral en madera para que realice su espectáculo como titiritero.
Ya sea en bicicleta o a bordo del vehículo de su madre -Miriam Rosa Lugo- Juan presenta este sencillo acto infantil con un letrero con el que pide a cambio un donativo.
Su público lo estima, lo espera y sin reparos coopera con el trabajador muchacho de 26 años de edad.
Muchos y buenos amigos
Al igual que el payaso Remi -de quien ha sido un profundo admirador desde su niñez- Juan deseaba manejar títeres y entretener a los niños.

Tras instalar su teatro portátil en la plaza pública de Peñuelas, la familia Torres Román apreció a cabalidad el espectáculo presentado por este simpático joven.
Por eso y gracias a su especial candidez, un día un buen amigo le advirtió que el ventrílocuo Ángel Candelario Rosa -quien reside permanentemente en Nueva York- regresaría a Peñuelas para vacacionar en la residencia que allí mantiene.
Ni bien llegó Candelario Rosa, nuestro protagonista se le presentó sin titubeos.
El ventrílocuo, por su parte, no sólo se hizo su amigo sino que le regaló una marioneta, a quien Juan llamó Bengie. Además, le obsequió varios discompactos para que completara la función.
Los siguientes títeres propiedad de Juan -entre los que cuenta con un doctor llamado Moody, un rinoceronte y un niño- los mandó a comprar a través de un catálogo.
"Estaba de Dios ser así"

Ya sea en bicicleta o a bordo del vehículo de su madre, Miriam Rosa Lugo, Juan presenta su sencillo acto infantil con un letrero con el que pide a cambio un donativo. Para disfrutarlo, solo llegue cualquier viernes, a partir de las 3:00 de la tarde al pulguero de Peñuelas en la pista atlética Glidden Feliciano.
(Fotos: Ludwig Medina)
Al tratar de indagar cuál era la condición exacta de Juan, Miriam se quebró en llanto.
“Si sé, te escribo esto porque sabía que iba a llorar”, dijo tras la primera pregunta para esta entrevista.
“El parto fue normal, pero me lo dejaron un día en incubadora porque nació amarillo”, continuó describiendo llorosa y recordando aquel 25 de enero de 1982, cuando Juan llegó al mundo.
“Cuando se suponía que hiciera lo que normalmente hacen los bebés, me di cuenta que él no hacía muchas cosas. No se sentó, no gateó, se quedaba boca arriba. Un día se paró y siguió caminando. Para unas cosas era inteligente, para otras no”, continuó a lágrima viva, a pesar de que intentaba ocultarlo con una nerviosa sonrisa.
“Después se conoció que tenía retardación mental, pero es adiestrable. Para colmo, a los tres años de edad se cayó y quedó inconsciente. Eso también pudo causarle algún daño cerebral”, abundó su progenitora, quien se esforzó por que su hijo recibiera múltiples terapias físicas y ocupacionales.
“Yo no se lo achaco mucho al golpe, porque como yo sé lo que hacía desde bebé pues... pero estaba de Dios ser así y saca provecho mejor que otros”, dijo.
Sueños y en grande
Aun con su condición, este titiritero laboró cinco años en el Ponce Cash & Carry de Peñuelas. Posteriormente, renunció y se acogió al Seguro Social.
Según detalló su progenitora, Juan abandonó su empleo porque prefirió entretener a los niños y ahora sueña con una casa inflable que complemente sus funciones.
Para esto, sin embargo, necesitan un adecuado medio de transportación del que carecen.
Además, Juan está ansioso por prestarle su voz a sus marionetas y convertirse en un reconocido ventrílocuo.
Por si fuera poco, quiere conocer a Remi y aunque recibió una llamada telefónica para entrevistarse con él, hasta ahora el encuentro no ha sido posible.
“Eso es en Mayagüez y se necesitan chavos (para ir)”, concluyó la humilde mujer para intentar justificar el hasta ahora infructuoso encuentro con el famoso payaso.
Juan el titiritero presenta su teatro ambulante en varios comercios de Peñuelas y en el Pulguero que se escenifica a la entrada del pueblo todos los viernes después de las 3:00 de la tarde.
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