¡Oh Dios! ¿Ahora también nos cambiarán el idioma?
Por Mildred Borgos Rivera
Especial para La Perla del Sur
¡Nos hemos podido… jorobar!
Nada más algo así nos faltaba: un idioma global.
¿Y qué diantres es eso? Pues algo así como lo que está sucediendo con el dólar norteamericano: que el “euro” (europeo, por supuesto, ¡hello!) lo está sacando de “culetazo” del mercado global y ahora resulta que el tal “euro” tiene más valor adquisitivo (es decir, que con un dólar te compras un limber y con el euro dos).
¿Acaso no se han dado cuenta que ahora hasta el cajero automático o “ateache” les pregunta si quieren hacer un retiro en euros o en “washintones”?
Conozco personas que para “echárselas” de cosmopolitas, hacen el retiro en euros (procurando que haya bastante gente en la fila del banco), pero que después no se atreven ni gastarlo, principalmente por dos sencillas razones: los zorumas no preguntaron su valor en dólares y mucho menos saben en qué comercios los aceptan.
Así que ni lo intenten.
Pero bueno, volviendo al tema del idioma… les cuento que de acuerdo a unos estudiosos sobre lenguas y los dialectos mundiales, es posible que dentro de 50 años más haya un solo idioma global.
En otras palabras, que además de estar casi fritos con eso del calentamiento global, también estaremos (al menos los boricuas) con la lengua “amarrá” porque no habrá quien nos entienda en toda la bolita del mundo.
Y no es que piense que no somos capaces de aprender cualquier “jeringonza” que se nos presente, sino porque para que un puertorriqueño deje de expresarse en la forma tan peculiar en que lo hacemos, se nos tendría que hacer un trasplante del “gerundio” y otro de “onomatopeya”.
Los susodichos expertos están evaluando cuál de los idiomas es el más hablado por el chorro de gente que habita en este planeta para así hacerle las recomendaciones pertinentes a las Naciones Unidas sobre cuál debe ser el escogido.
Eso sí que yo no me lo quiero perder, porque si aquí en la legislatura se dicen hasta “perro muerto” (déjenme practicar por si acaso: “dead dog”) con tal de salir en las noticias, imagínense allá en la ONU, con chinos, alemanes, africanos, españoles, italianos, árabes y sus vecindarios: el “salpafuera” que formarán para que sus lenguas sean las seleccionadas.
Mi recomendación es que si usted es de los que se adapta fácilmente a los cambios, más le vale ir practicando al menos el inglés y la próxima vez que vaya a Guavate pida un “pork chop” con unos “pork skin” por el la’o (excuse me, por el “behind”), una “beer” bien “cold” y unas “blood sausages” picantitas.
Pero si usted es como yo, que mi mancha no me la despinta nadie, entonces siga diciendo “carajo” (que ya sabemos que no es una “mala palabra”) cuando se le embarre la blusa o la camisa ‘recién estrená’ con la grasita de los piononos y bacalaítos de la verbena.
“Arrivederci”.
Saludos a mi amigo Riggín, el de A Coruña en España (y el de la teoría genética). |