Si eres soberbio:
más vale que ames vivir en soledad
Por Gil Rosario Ramos
Especial para La Perla del Sur
Hitler quería enfrentar el poderío de los tanques soviéticos. Por esa razón, el Führer le dio instrucciones terminantes al doctor Porsche, creador del famoso Volkswagen, para que le preparase un tanque blindado de gran poderío ofensivo y de un tamaño que resultase imposible de vencer.
El proyecto llevaría el nombre secreto de Ratón y contaría con todos los recursos necesarios para su realización.
El doctor Porsche empleó todos sus conocimientos e ingenio para la realización del mismo. No fue hasta 1944 que quedó terminado.
Su proyecto tenía un peso de 180 toneladas y media, y una altura de casi seis metros. Era completamente impenetrable cuando sus escotillas estaban cerradas, era capaz de cruzar un río de 12 metros de profundidad.
Pero el peso y el tamaño fueron la ruina del gran Ratón. Su velocidad sólo llegaba a los 20 kilómetros por hora. Cuando estaba en movimiento destrozaba las carreteras; la vibración que producía rompía los cristales de las casas y se hundía en la mayoría de los terrenos por donde pasaba, excepto los muy secos.
Por estas razones, el Ratón no pasó la prueba de eficiencia, pues fue víctima de su propia corpulencia.
Un caso familiar
¿No le parece que muchos de nosotros somos muy parecidos al tanque Ratón? Terminamos siendo, siempre, víctimas de nuestras ‘grandezas’, soberbia u orgullo.
Decía Amado Nervo en su obra ‘Apuntes e ideas’: “Si eres orgulloso, conviene que ames la soledad: los orgullosos siempre se quedan solos”.
Es como decir que los pesados, los que se creen dueños del mundo, terminan recibiendo el repudio de sus semejantes.
San Agustín hizo una elocuente comparación: “La soberbia no es grandeza, sino hinchazón: y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano”.
Nietzche fue más lejos al pronunciar esta sentencia: “No te hinches, ten en cuenta que el que se hincha, si alguien lo pincha, lo revienta”.
Nuestros abuelos decían que mientras mayor es la subida, mayor será la caída.
Por otro lado, reflexionemos sobre este legado de Montaigne: “Ocurre a las personas realmente sabias son como las espigas de trigo, que mientras están vacías se alzan rectas y orgullosas, más apenas están llenas de grano, comienzan a humillarse y a bajar la cabeza”.
Hay miles más que desprecian el orgullo malsano y exaltan la nobleza de la humildad. Por el momento, sólo es necesario recordar que el humilde cabe en cualquier lugar, hace sentir bien a quienes les rodean, promueve la sana convivencia, es el faro de luz en el camino de la vida y además, produce buena voluntad.
Siempre hay un espacio disponible para el humilde e innumerables obstáculos para el más fatal de los consejeros humanos: el orgullo.
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