Trabajo social que transforma vidas

Una de las siervas más queridas de El Cerro en Yauco, Sor María Luz Torres Gonze.
Por Carmen Cila Rodríguez
De La Perla del Sur
Desde una colina yaucana, seis humildes religiosas trabajan afanosamente para que cientos de personas vivan un pequeño milagro de esperanza y superación cada día.
La fortaleza donde residen, empero, es un humilde edificio con cerca de una decena de salones pequeños donde comparten y entregan todo lo que poseen.
Entre esos muros no existen lujos, pero sí se hace gala de un extenso volumen de sabias y dulces palabras, de amor y comprensión para los más necesitados.
Testigo de ello son los innumerables testimonios de marginados que han sido tocados con su fe y han cambiado su vida por siempre.
Se trata de las hermanas Dominicas de Fátima, las que laboran de sol a sol desde el llamado Conventito La Trocha en Yauco.
Desde allí y con su Instituto Especial para el Desarrollo Integral del Individuo, la Familia y la Comunidad (IDIIFCO), las religiosas reciben al año a cientos de vecinos deseosos de aprender pintura, dibujo, tarjetería, bailes, manualidades, costura, tejido, caligrafía, yeso, floristería, repostería y bisutería.
Allí, además, les orientan y ofrecen cursos de computadoras y cosmetología, a un precio asombrosamente económico.
A cambio, el gremio obtiene la vital oportunidad de propagar su obra evangelizadora e, incluso, restaurar vidas.
Un poco de historia

A la derecha, Sor Rosa Emilia del Valle, directora del Instituto, presenta a sus compañeras de labor Zenaida Cruz Camacho, Xiomara Santana Ramos, Sunner Negrón Díaz y Sor Lisandra Rosa Pagán.
Según narró Sor Rosa Emilia del Valle, directora de esta institución, fue la fenecida Madre Dominga Guzmán Florit quien vio la necesidad de enseñar a las familias yaucanas -especialmente mujeres y niños- cómo realizar tareas que les permitieran cubrir sus necesidades y obtener un ingreso.
La ardua tarea educativa-religiosa comenzó en la década del 1950 con la visita de las hermanas de esta congregación a las comunidades. Pero ante el crecimiento y la necesidad, después de 1965 se logró levantar la estructura y la administración de IDIIFCO.
“Muchos de los que vienen aquí vienen con problemas porque están muy solos, o porque tienen depresión, o porque económicamente están mal, están buscando alternativas y desde su casa pueden hacer algo. Cuando tú vienes a ver se van ayudando unos a otros”, exclamó satisfecha Sor Rosa.
Desde su oficina y en unión a otras dos hermanas, la Directora resaltó que este Centro ha sido pieza fundamental para la recuperación de valores cristianos de la comunidad, sin otra prédica que su testimonio viviente.
“Aunque no seamos nosotras las que damos las clases, son los maestros voluntarios (los que ayudan) con la manera de hablar y la manera de animarlos. Se evangeliza a través de los mensajes en la pared, siempre hacemos un cántico o una oración al comenzar”, reiteró.
Además, su obra evangelizadora la realizan de forma muy especial.
Ya sea con el “trato, una palabra, la delicadeza, la paciencia, una sonrisa, un detalle, llega el momento que las personas sienten la confianza. Son cosas sencillas, pero cuando la gente pasa por situaciones difíciles, eso que le dices es lo que van a recordar y te dicen: 'Gracias por lo que me dijiste los otros días'. Y tú dices :'¿Y qué fue lo que yo dije?'. Esa es la manera de evangelizar", añadió Sor Rosa.
Incuestionable fe

La incansable y siempre jovial sub directora del Instituto, Sor Lisandra Rosa Pagán, atiende a diario a numerosos puertorriqueños necesitados de una mano amiga.
Además de la enseñanza de valores, IDIIFCO realiza excursiones y cursos de bajo costo que -en algunos casos- hasta incluyen los materiales.
Aunque las religiosas cuentan con donativos y los fondos de entidades como Fondos Unidos, Servicios Sociales Católicos y la Comisión Conjunta, “viene mucha gente y eso es mucho trabajo”.
Para compensar, estas monjas realizan ventas de bacalaítos y hasta venden calabazas o gandules cosechadas por ellas, para “empatar la pelea”.
“Uno se siente satisfecho, cada vez que uno atiende a una persona y siempre uno trata de que la persona que viene salga con algo. Quisieras hacer más, pero humanamente es imposible. Cuando estás en la vida religiosa, tú vienes a ofrecer algo que tú no tienes. Es Dios a través de su gracia quien lo va proveyendo, pero te lanzas en esa confianza de que Dios te va a ir ayudando”, continuó con admirable fe.

Entre los talleres más solicitados por la comunidad figuran las clases de guitarra.
Sin detenerse en su plática, esta dinámica servidora añadió que “en medio del agotamiento tú dices: 'Señor, gracias'. La realidad es que por la diferentes carencias uno no puede darle todo (a quienes sirven). Tratamos de dar lo mejor y que la gente pueda descubrir que -en lo mucho o en lo poco- Dios está presente, que no somos nosotras”.
El Centro tiene disponible dos sábados al mes servicios psicólogos y trabajadores sociales con expertos en la materia y estudiantes practicantes.
Si está interesado en inscribirse como donante o maestro voluntario puede visitar a IDIIFCO, que ubica en la calle Madre Dominga Guzmán.
Para información adicional puede comunicarse al 787-856-3798.
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