¿Se enteraron? Ahora dicen que soy contagiosa
Por Mildred Borgos Rivera
Especial para La Perla del Sur
¡Ave María, pero qué pocavergüenza!
¿No han leído la noticia o no lo han escuchado por radio?
Ahora resulta que la obesidad, gordura o el exceso de llantas (como quieran llamarlo) es contagiosa.
¿Cóoomo va a serrr? Pues sí, así como lo leen… y no solo eso, sino que es más difícil de curar que una monga mal llevá.
Según afirman los “matasanos” que se atrevieron a lanzar semejante improperio en nuestra contra -y de paso publicarlo para acabar de chavarnos la reputación- si las personas “de peso adecuado” se la pasan de juntilla con un gordito terminarán contagiándose con sus “inadecuadas” cantidades y maneras de consumir los alimentos, por lo que -más tarde que temprano- verán cómo sus chichos comenzarán a brotar irremediablemente de sus barrigas.
¿No les parece una verdadera calamidad el que, encima de tener que soportar una faja torturadora para aplacar los sobrantes de nuestro cuerpo, nos pongan en cuarentena mientras encuentran una vacuna que termine con esta pandemia?
¿Y qué se supone que hagamos las que tenemos un marido flacucho y “esmirria’o”? Por lo pronto, esconder el periódico para que no se enteren de que somos “portadoras” de un virus metabólico o convencerlos que es mejor dormir abrazados a una gelatina que desvelarse contando vértebras.
De seguro que esos cientificos aborreci’os -que no tienen más nada qué hacer- no saben que los gorditos y las pasaditas de peso tenemos un montón de ventajas que no tienen los huesudos.
Por ejemplo, en un banquete (de esos que uno se sirve todo lo que quiera) no tenemos que estar disimulando ni llenando el plato de yerbas.
Sin embargo, una “tiquis-miquis” de esas, que en vez de comer “pastan” (por la cantidad de hojas y raíces que consumen para no desconchunflarse la cinturita), tiene que estar mirando de la’o a la’o para poder esconder un pedacito de morcilla debajo de la lechuga.
¿Y en cuanto a la ropa? Nada de qué preocuparse, pues los comerciantes se dieron cuenta de que somos muchas las clientas que ellos estaban perdiendo y ahora en todos los ‘moles’ hay una tienda bien ‘fashion’ para las “plus”.
¿Y qué me dicen de cuando se mete un frío pelú en Navidad?
Las gorditas no sufrimos de congelamiento porque somos como ositas polares: las grasitas nos protegen.
Pero la ventaja más importante: como no pasamos hambre no somos desdichadas, siempre estamos contentas (por aquello de “barriguita llena, corazón contento”) y no andamos por la vida arrastrando el esqueleto.
¿Qué más podríamos pedir? |